viernes, 13 de agosto de 2021
sábado, 27 de febrero de 2021
Que celebramos este ocho de marzo
Isabel Becerril
En este ocho de marzo Día Internacional de la Mujer, no faltará, el profesor que se acerque a nosotras para felicitarnos por ser mujeres o los locutores de radio y televisión que igualmente haga mención de este día y nos felicite otros hasta nos darán flores. Pero las profesoras no tenemos nada que celebrar. Nosotras sabemos que día a día la situación de la mujer en nuestro país es preocupante. De hecho, todos los días las noticias dan cuenta de los feminicidios que se comenten en el el territorio nacional; es tal la violencia hacia la mujer que existen más de diez estados en donde se ha declarado la Alerta de Violencia de Genero contra las Mujeres
Cuando salimos de nuestra casa estamos intranquilas, angustiadas, pues no sabemos que agresión vamos a sufrir, no podemos caminar tranquilas por las calles, no nos podemos subir a un transporte público sin temor, pues sabemos que en cualquier momento podemos ser violentadas.
Cuando salimos de nuestra casa estamos intranquilas, angustiadas, pues no sabemos que agresión vamos a sufrir, no podemos caminar tranquilas por las calles, no nos podemos subir a un transporte público sin temor, pues sabemos que en cualquier momento podemos ser violentadas.
En los medios de comunicación el cuerpo de la mujer es usado como medio para vender a alguna mercancía (llantas de coche, trajes de hombre, bebidas, etc ) que nada tiene que ver con las mujeres. En este sentido vivimos en una sociedad altamente contradictoria que por un lado promueve cotidianamente el erotismo y, por otro lado, exige una abstinencia sexual, principalmente en la mujer.
Las profesoras, y cualquier mujer, estamos ciertas que vivimos en una sociedad que tiene una práctica cotidiana dominada por un sistema patriarcal. En la cual las mujeres enfrentamos una desventaja en todos los poros de la sociedad. Día a día en la casa, en el trabajo, en la escuela, en calle las mujeres estamos en una situación de desventaja de manera constante. Las profesoras, así como toda trabajadora, aparte de cumplir con las tareas de nuestro trabajo debemos de responder a nuestras funciones de madre de familia, de esposas, de amas de casa.
Las profesoras, y cualquier mujer, estamos ciertas que vivimos en una sociedad que tiene una práctica cotidiana dominada por un sistema patriarcal. En la cual las mujeres enfrentamos una desventaja en todos los poros de la sociedad. Día a día en la casa, en el trabajo, en la escuela, en calle las mujeres estamos en una situación de desventaja de manera constante. Las profesoras, así como toda trabajadora, aparte de cumplir con las tareas de nuestro trabajo debemos de responder a nuestras funciones de madre de familia, de esposas, de amas de casa.
El estado patriarcal deja en manos de las mujeres las funciones de reproducción de los aspectos de la vida cotidiana: preparación de alimentos, limpieza de la ropa y la vivienda, educación y cuidado de los.
El capitalismo desde sus orígenes ha establecido un sistema familiar monogámico donde la mujer es responsable de la atención a los niños, a los enfermos, a los ancianos; y en las últimas décadas ha reducido el poco presupuesto que tenían las instituciones públicas para atender a estos sectores de la sociedad y ha dejado en las mujeres la total responsabilidad de atenderlos.
Por lo anterior, este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no tenemos nada que celebrar, pero si que luchar por cambiar este régimen patriarcal; tenemos que mucho que reflexionar. Ya que, ¿debemos ver cuáles son los mecanismos para lograr la igualdad social?, ¿debemos pensar qué tenemos que hacer para acabar con la violencia; nosotras podemos extirpar las agresiones con acciones individuales?
Es evidente que las condiciones de opresión que tenemos cada una de nosotras son las mismas, por eso, es necesario que nos organicemos para luchar conjuntamente contra esta desigualdad que tanto nos afecto. Como un mecanismo de protesta y del establecimiento de los mecanismos de organización muchas mujeres haremos una multitud de reuniones, conferencias, para reflexionar y discutir las condiciones de opresión y desigualdad social en el que nos encontramos. Habrá otras que a pesar de la pandemia saldrán este ocho de marzo a la calle a exigir respeto a nuestras condiciones de mujeres.
Es con la unión, la organización y la movilización de nosotras las mujeres la única manera para superar la sociedad machista que nos embarga y lograr una sociedad igualitaria
Isabel Becerril. Región 3 Estado de México
lunes, 18 de mayo de 2020
Amor y trabajo en tiempos de la pandemia neoliberal -
Amor y trabajo en tiempos de la pandemia neoliberal*
Mario Campuzano
La historia de estas dos actividades humanas, amar y trabajar, estrechamente vinculadas sobre todo a partir del siglo xviii con el surgimiento del llamado amor romántico, revela algunos aspectos de la evolución de la naturaleza humana, las sociedades y su organización política y económica. Desde el punto de vista de la psicología social, este artículo revisa los principales ejes de ese trayecto hasta nuestra época.
En el verano de 1939, poco antes de que Freud muriera (septiembre de ese año), un periodista le preguntó sobre los criterios para considerar a una persona sana, madura e integrada a la sociedad. El fundador del psicoanálisis le dio una respuesta sorprendentemente breve y contundente: “Cualquier persona capaz de amar y trabajar.”
Amar es ya un concepto evolucionado, lo primario en la historia de la humanidad fue la mera descarga del impulso sexual en una pareja y la necesidad de la procreación para la conservación de la especie.
En la Edad Media, la etapa cristiano-feudal, es dominante el control de la Iglesia y la moral cristiana que regula al matrimonio como un mal necesario para apagar y controlar la lujuria de los seres humanos y su fin primordial es la procreación y el establecimiento de alianzas convenientes entre familias para conservar e incrementar sus bienes materiales. Ahora bien, en estas alianzas si no se solicitaba el sentimiento, si se requería la voluntad de aceptación de los participantes.
El surgimiento del amor romántico y de la pareja moderna ocurre en épocas relativamente recientes, en el siglo xviii, como consecuencia del cambio de organización social determinado por la conjunción de diversos elementos políticos, generados por la Revolución francesa y el consecuente cambio de gobierno de la monarquía absoluta a la instalación de repúblicas; de cambios de concepciones planteadas por los filósofos de la Ilustración, y los cambios derivados de la revolución industrial
y el surgimiento del capitalismo que requería que la sociedad fuera un conjunto de productores libres y, como consecuencia, un nuevo contrato social que requería de un nuevo personaje: el individuo, que generó los explosivos conceptos
de individualidad, subjetividad y libre albedrío.
y el surgimiento del capitalismo que requería que la sociedad fuera un conjunto de productores libres y, como consecuencia, un nuevo contrato social que requería de un nuevo personaje: el individuo, que generó los explosivos conceptos
de individualidad, subjetividad y libre albedrío.
Se generó así lo que Shorter (1975) ha denominado una Revolución sentimental con novedades como el amor romántico, la domesticidad, la privacidad y el predominio de lo emocional en las relaciones de pareja y con los hijos.
La pareja moderna sufre un deslizamiento de lo público a lo privado. La unión es determinada por los cónyuges mismos en función de lazos amorosos y sexuales. Y, consecuentemente, si el amor es lo que une a la pareja, ésta se disuelve cuando el amor desaparece. Es decir, la modernización de la vida familiar ha dado lugar a lazos más inestables y a la necesidad de la figura jurídica del divorcio.
Esto ha sido más claro en el paso al neoliberalismo y postmodernismo, donde las relaciones amorosas se han vuelto cada vez más leves, superficiales y poco comprometidas, con predominio de la sexualidad sobre la afectividad amorosa profunda y el compromiso estable con una pareja.
Si la sexualidad y el amor sufren un proceso de institucionalización y cambio en los procesos de evolución sociohistóricos, el concepto y organización del trabajo, como construcciones humanas, tienen influencias y cambios semejantes. Si la compulsión al trabajo es creada por el apremio exterior y la necesidad de la supervivencia en el conjunto social, sus condiciones de ejercicio se modifican, igualmente, por los cambios socio-históricos, de manera que el pasaje del capitalismo industrial centrado en la producción al actual dominio del capital financiero centrado en el
consumo produce una crisis del trabajo como valor que tiene un profundo impacto en la subjetividad y organización de vida de los sujetos contemporáneos.
consumo produce una crisis del trabajo como valor que tiene un profundo impacto en la subjetividad y organización de vida de los sujetos contemporáneos.
El neoliberalismo instalado como doctrina económica global desde los años setenta y encubierto en sus objetivos y efectos por políticos y economistas oficiales, es llevado a debate público en 1996 por una escritora francesa, Viviane Forrester, que denuncia la realidad del trabajo asalariado como especie en extinción y sus consecuencias deletéreas y encubiertas sobre los individuos y la sociedad en general.
En la contraportada del libro, los editores hacen un resumen de su contenido:
“Vivimos en medio de una falacia descomunal, un mundo desaparecido que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Un mundo en que nuestros conceptos de trabajo y por ende de desempleo carecen de contenido y en el cual millones de vidas son destruidas y sus destinos son aniquilados. Se sigue manteniendo la idea de una sociedad perimida, a fin de que pase inadvertida una nueva forma de civilización en la que sólo un sector ínfimo, unos pocos, tendrán alguna función. Se dice que la extinción del trabajo es apenas coyuntural, cuando en realidad, por primera vez en la historia, el conjunto de los seres humanos es cada vez menos necesario. Descubrimos –dice la autora– que hay algo peor que la explotación del hombre: la ausencia de explotación, que el conjunto de los seres humanos sea considerado superfluo y que cada uno de los que integra ese conjunto tiemble ante la perspectiva de no seguir siendo explotable.”
Esta revolución silenciosa (y silenciada) se produce por dos factores principales: la automatización de muchos procesos industriales, comerciales y de servicios, así como el traslado de las empresas a los lugares del mundo con menores costos de producción.
El impacto del desempleo sobre los individuos suele ser devastador, con serias afectaciones en
su valoración personal, es decir con manifestaciones de devaluación narcisista, así como sentimientos de vergüenza y culpa que les causan gran sufrimiento subjetivo y afectan su desempeño en la familia y la sociedad. La autora señala con toda claridad, desde esas fechas, la falsedad de una retórica engañosa según la cual las dificultades del presente son, solamente, los obstáculos
que deben superarse con vistas a un futuro mejor.
su valoración personal, es decir con manifestaciones de devaluación narcisista, así como sentimientos de vergüenza y culpa que les causan gran sufrimiento subjetivo y afectan su desempeño en la familia y la sociedad. La autora señala con toda claridad, desde esas fechas, la falsedad de una retórica engañosa según la cual las dificultades del presente son, solamente, los obstáculos
que deben superarse con vistas a un futuro mejor.
Futuro imposible, porque el sistema económico neoliberal concentra la riqueza en unas pocas personas y depaupera a grandes masas de la población. Además, el neoliberalismo no es sólo un modelo económico, sino pretende ser una racionalidad que interviene y afecta todos los órdenes de la vida, desde la educación hasta la cultura, pasando por los lugares de trabajo y el hogar, poniendo en peligro a la democracia para sujetarla al dominio del mercado en un proceso de economización de la vida que tiene como eje los principios de gobernanza y gestión.
En estas condiciones, es claro que la fórmula de salud mental de Freud fue producto de las condiciones socioeconómicas de su época y no opera ya en las actuales. Tendría que substituirse por alguna otra más actual y, de preferencia, más durable al paso de los tiempos.
Cristophe Dejours, psicoanalista y uno de los más importantes teóricos en la medicina del trabajo, considera que éste nunca es neutral, ya que es un elemento central en la construcción de nuestra identidad, por lo cual afecta a nuestra salud mental positiva o negativamente.
Dejours aborda el tema del trabajo desde una óptica novedosa: como una relación del trabajador consigo mismo, con los otros que se vincula y con el medio socio-cultural y económico amplio.
Afirma que, a través del trabajo, me pongo a prueba con el mundo y su resistencia a mi saber-hacer, a mis conocimientos, a mi experiencia. Trabajar es enfrentarse a la prueba del fracaso, donde tomo conocimiento de las resistencias
del exterior a mis esfuerzos al mismo tiempo
que de mis conocimientos, sensibilidad y habilidades para dominar ese entorno o de fracasar en el intento.
del exterior a mis esfuerzos al mismo tiempo
que de mis conocimientos, sensibilidad y habilidades para dominar ese entorno o de fracasar en el intento.
Esa experiencia está relacionada con aquellos con quienes trabajo y con aquellos para quien trabajo, lo cual define los correlatos vinculares y sociales del trabajo donde no sólo se busca un ingreso económico y una satisfacción del saber-hacer, sino una respuesta afectiva de reconocimiento que, en el management neoliberal se dirige al estímulo narcisista para la sobreexplotación de los trabajadores.
En su artículo “Psicodinámica del trabajo y vínculo social” concluye:
Mi conclusión será la siguiente: el trabajo ocupa un lugar central en la formación del vínculo social. Puede generar lo peor, y por el contrario, puede generar lo mejor. Actualmente produce prácticas perversas. En numerosas empresas se aprende a participar, en detrimento de otros, en actos que se reprueban. Aquí y allá se aprende a cometer injusticias y a desestructurar el vínculo social, las pertenencias y las solidaridades. Se aprende a socavar las bases del vivir en conjunto y de la buena vida en nombre de la competitividad, elevada sin vergüenza a la dignidad de “guerra santa”; la guerra económica. Pero no es en absoluto una fatalidad. El trabajo puede generar lo mejor. Es por el trabajo que yo puedo aportar una contribución a la evolución de la sociedad.
Es por el trabajo que puedo beneficiarme del reconocimiento y realizarme en el campo social. Es por el trabajo que puedo emanciparme. Es por el trabajo que las mujeres se emancipan de la dominación de los hombres.
Por lo tanto, no hay neutralidad del trabajo frente al vínculo social. Tal vez incluso es el mediador central, ya sea de la democracia, ya sea de la banalización de la injusticia social y de la desestructuración de la sociedad. En otros términos, me parece que si la psiquiatría tiene algo que decir del vínculo social, debe asumir la responsabilidad de analizar sistemáticamente la clínica de la relación subjetiva con el trabajo, para poder intervenir más racionalmente, no sólo en la praxis de la psiquiatría frente a los pacientes, sino también políticamente en el espacio público y los debates sobre el porvenir que queremos para el trabajo en nuestra sociedad, y también por lo que tiene de irreemplazable hasta el presente, en la formación de la identidad, en el acrecentamiento de la subjetividad, en la realización de sí, y además, como mediador posible de la salud mental.
Por supuesto, tanto el amor como el trabajo serán aspectos del vivir humano fundamentales de abordar en todo proceso psicoanalítico.
* Publicado en el suplemento La Jornada semanal, del diario La Jornada, el 17 de mayo de 2020.
sábado, 2 de mayo de 2020
La escuela intrusa. Manuel Gil Antón
La escuela intrusa
02/05/2020 01:34
Manuel Gil Antón
Un fantasma recorre el mundo. Busca y consigue entrar a las casas en nuestro país y en muchos otros: es el esperpento de La Tarea, así, con mayúsculas, pesada, larga, cansada e impertinente. Se cuela por rendijas en el adobe, a través de las ventanas o llega como instrucción en un teléfono ¿inteligente? o una computadora. Si se acomoda en la sala ya estuvo mal el asunto: tantas páginas para repetir una operación mecánica hasta que aburra, tantas otras de escribir banalidades y no pocas para leer áridos libros de texto como pretexto para no leer algo interesante. Videos con actores que emulan a maestras o maestros y resultan más falsos que un billete de siete pesos. Preguntas a responder para hinchar la carpeta de evidencias y llegar con ella, repleta, cuando volvamos a las escuelas. Si no, ¿cómo vamos a evaluar?

No es posible que la escuela esté en la casa. Es tan contradictorio, diría mi abuela, como ponerle a un Santo Cristo dos pistolas. Sí se puede aprender en la casa, desde luego, pero la condición para ello es barrer, sacar, expulsar de las casas el virus de las tareas. Las tareas atarean a quien tiene que hacerlas y por su inutilidad aterran. Atrapan. Si no fuese así, nadie las haría. En otros países les llaman “deberes” como deudas a saldar. En no pocos casos terminan haciendo las tareas los padres —No, corrijo: casi siempre las madres al mismo tiempo que cocinan, lavan ropa o planchan. Antes de salir a jugar tienes que hacer la tarea. ¿Y ahora que no se puede salir a jugar qué hacemos? Pues más tarea. Y ahí están, en una esquina de la mesa del comedor, atareados: la ociosidad es la madre de todos los vicios. Si la tarea se cuela, con ella llega una noción de escuela dominante: esa construcción que entretiene, guarda, cuida, dicta, encarga; y carga de trabajos adicionales para hacer en casa a quienes asisten a sus espacios, donde hay docentes que, por su oficio de guardianes, nos salvan de estar tanto tiempo con las criaturas para poder trabajar. Las maestras y los profesores creativos intentan hacer otras cosas, pero tienen, sin remedio, que enviar una captura de la pantalla en que están, cual estampitas, los rostros de sus aburridos pupilos. Y eso si hay computadoras. Cuando no, es preciso asegurar que la carpeta que dará cuenta del encierro creativo llegue llena cuando se retorne a las aulas. El objetivo es lograr evidencias que demuestren al director, al supervisor o vaya usted a saber a qué superior autoridad, que la escuela, el control y la “indocencia” siguen: ¿cuál es la muestra de todas las muestras? Las tareas. En mala hora hemos confundido al sistema educativo del país con el sistema escolar. De ello deriva que los signos de continuidad de la forma escuela sean predominantes: la clase cucha, la tarea abundante y el libro como muleta, sin el que no se puede andar. Educan los medios, las conversaciones, el aburrimiento, el miedo porque se llevaron al abuelo al hospital, dibujar, cantar o jugar canicas y saltar la cuerda, lavarse las manos bien y aprender a hacer arroz. Ocurren excepciones: hay docentes que tapan a la tarea con propuestas de actividades atractivas, pocas, bien pensadas, diversas y que, en su lógica apasionante, tal vez ocupen más horas de las que amontonan las tareas que atolondran. Estos días desnudaron la noción social mayoritaria de la escuela y la de sus funciones. Creo que la sociedad, y sobre todo el gremio, tenemos que repensar que la escuela es parte de la educación, pero la educación es mucho más amplia que la escuela atareada emitiendo tareas, acumulando deberes. Abuelo, hacemos lo mismo que en la escuela, no más que es peor: sin recreo y sin amigos. Deja de quejarte ya y ponte a hacer la tarea.
Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. mgil@colmex.mx / @ManuelGilAnton
jueves, 30 de abril de 2020
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