jueves, 14 de septiembre de 2017

Presidente, presidenta para continuar con el análisis


documento tomado de fundéUBBVA 
Bajado de: http://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/ 14 de septiembre  de 2017 a las 22: 00 horas,
Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidentaLa parte fundamental de la explicación dice:
El participio activo del verbo atacar es «atacante»; el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente». ¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:
  • que el participio activo del verbo ser es ente,
  • que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  • que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.
Sin embargo:
1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.
2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ensentis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntisama-ntislege-ntiscapie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, desinencia de caso genitivo.
Esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.
3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt-aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego) prueba que esa –nt– no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.
Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantislegentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entementisentientiumentia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.
Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.
Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, lostrabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediardurante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).
Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (pregúntese el lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el uso de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.

viernes, 1 de septiembre de 2017

REVOLUCIÓN, PARTIDO, ESTADO, BUROCRACIA: EL EJEMPLO RUSO


REVOLUCIÓN, PARTIDO, ESTADO, BUROCRACIA: EL EJEMPLO RUSO
A modo de introducción
Guillermo Almeyra
Más que presentar los ensayos que forman este valioso y oportuno libro deseo subrayar algunos puntos fundamentales que nuestra época poco informada en lo fundamental tiende a ver sólo a la luz de lo sucedido posteriormente en la victoriosa Unión Soviética o teniendo en cuenta los actuales datos demográficos, culturales, económicos y las técnicas de información.
No me referiré por consiguiente a los importantes ensayos que integran esta obra los cuales hablan por sí mismos,  y en su pluralidad, salvo en algunos detalles, presentan una poderosa y unitaria versión coral.  
Recordemos: Rusia, coloso de pies de barro, con su zarismo, la Corte corrupta y despótica en la que reinara Rasputin hasta 1916 y el despotismo asiático de la dinastía de los Romanov, aparecía ante un mundo occidental conquistado por los ideales de la Revolución Francesa como una supervivencia del anacrónico absolutismo monárquico que ésta había combatido y los bolsheviks (o ala bolchevique de la socialdemocracia rusa) eran escasamente conocidos fuera de los reducidos ámbitos de las direcciones socialistas.
La revolución rusa de febrero fue por eso celebrada jubilosamente por socialistas, liberales y demócratas por igual mientras que la de octubre, para un mundo informado por las agencias Reuters (británica) y Havas (francesa) en guerra con Alemania, fue presentada como una maniobra del Kaiser contra los aliados. Sólo más tarde los trabajadores de todo el mundo empezaron a reconocerse en lo que hacían y decían los revolucionarios rusos dirigidos por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) y Lev Davidovich Bronstein (Trotsky).
Algunas condiciones que favorecieron el estallido revolucionario
La revolución en la inmensa Rusia centralizada por el poder del Zar y de la Iglesia ortodoxa fue posible porque, pese a los intentos de reforma, como la de Stolypin, ese poder chocaba no sólo con los revolucionarios marxistas sino también con una naciente burguesía condenada por el régimen a ser socio menor del capitalismo anglo-francés, con una intelectualidad europeizada, con sectores liberales y democráticos de la nobleza[1]  y era resistido por las nacionalidades reprimidas y combatido por todas las tendencias socialistas, que influenciaban sectores obreros y estudiantiles. El zarismo era duro, brutal y capaz de infiltrarse en las organizaciones revolucionarias[2] pero escondía una gran fragilidad que se había revelado ya en 1905 y que la entrada de Rusia en la guerra de 1914-1918 agravó de golpe.
La enorme y dispersa base campesina del país, dispersa en miles de aldeas y dividida por nacionalidades, culturas y religiones, se convirtió en 1914 en una sola masa al ser enviada al ejército como carne de cañón y se encontró durante años en las trincheras con los intelectuales y obreros socialistas convertidos en suboficiales y oficiales. Esa doble educación –por un lado, sobre los horrores del capitalismo y, por otro, sobre la posibilidad de una alternativa socialista- hizo posible la alianza con los campesinos de un proletariado poco numeroso pero muy concentrado y esa unión, a su vez, cambió radicalmente la política agraria de Lenin y de los bolcheviques que pasaron a exigir tierra para los campesinos y paz y pan para todo el país logrando así inmensa popularidad
Otra particularidad rusa que hizo posible la revolución consistía en su reciente historia. La revolución de 1905, que formó parte de un ciclo de revoluciones democráticas[3] , había sido una especie de ensayo de la de 1917 y en ella habían nacido los soviets (consejos obreros) como instrumento de autoorganización de los obreros. Tras un duro período de reflujo político y de reacción desatada las masas rusas se reorganizaron y la agitación social y las huelgas con manifestaciones se sucedieron desde 1912 hasta la entrada en la guerra y sobre esa base reaparecieron los consejos obreros en 1917.
Por su parte, el partido bolchevique, que en 1905 se había opuesto a  los soviets porque veía en ellos una competencia con su organización, no sólo los reconoció entre la revolución de febrero  de 1917 y la de octubre sino que también incorporó a sus filas a Trotsky, presidente de los soviets en 1905, y a un grupo numeroso de amigos de éste.
La revolución democrática antizarista, por otro lado, al producirse durante una guerra de las grandes potencias capitalistas por el reparto de un mundo ya unificado por el capital, integró la lucha por las tareas democráticas –paz, tierra, democracia, libertad, eliminación de los privilegios de la nobleza y del clero e independencia de los pueblos oprimidos por el imperialismo ruso- con el combate por las tareas anticapitalistas (igualdad, fin de las discriminaciones de todo tipo, expropiación de los expropiadores mediante la eliminación de la propiedad privada de los instrumentos de producción, control obrero en la industria estatizada, instalación de un nuevo Estado obrero para empezar a construir el socialismo). De ahí la transformación ininterrumpida de la revolución democrática en revolución socialista y el carácter permanente de la revolución (que implicaba igualmente la extensión de la misma a algunos de los países más desarrollados).
Los soviets (consejos obreros) en 1905 y en 1917 eran un instrumento de todas las capas de los trabajadores pues eran pluralistas ya que estaban integrados por todas las tendencias existentes en el movimiento obrero desde los laboristas hasta los socialistas revolucionarios, los revolucionarios o reformistas marxistasy los anarquistas. La influencia de las diferentes organizaciones evolucionaba se medía cotidianamente en la acción directa de la clase obrera y determinaba los cambios en la dirección de los consejos.
Ese pluralismo caracterizó también al primer gobierno de los soviets dirigido por Lenin, Trotsky y los bolcheviques, e integrado por 14 bolcheviques, siete social-revolucionarios de izquierda, tres mencheviques y un menchevique internacionalista (Mártov) y sólo las vacilaciones ulteriores de los s-r y mencheviques hicieron que el Consejo de Comisarios del Pueblo (nombre de los ministros tomado de la Revolución Francesa propuesto por Trotsky) quedase formado únicamente por bolcheviques).
Otra peculiaridad rusa era la existencia de un partido revolucionario fuerte, probado y seleccionado durante decenios de duras luchas. Dicho partido unía la organización clandestina con el flexible y audaz aprovechamiento de cada espacio democrático por mínimo que fuese, como la participación en la elección para la Duma (el Parlamento) y libraba constantemente la batalla de las ideas con los libros teóricos y los ensayos y artículos de sus principales dirigentes y con la participación de los mismos en los congresos socialistas internacionales, a diferencia de lo que sucedió posteriormente en todas las revoluciones posteriores, como las fracasadas en Hungría y en Alemania en la inmediata postguerra o, más cerca de nosotros, en la boliviana de 1952, la cubana de 1959, la argelina de 1954, la sudyemenita en 1967-1990 o las revoluciones nacionalistas y antiimperialistas en Mozambique, Angola y Guinea Bissau[4].
Un partido revolucionario con una dirección revolucionaria
El  partido bolchevique tenía una vida intensa y en su seno coexistían diversas tendencias, que discutían públicamente sus respectivas posiciones. En el momento de la revolución era un partido de jóvenes- Lenin tenía 47 años, Trotsky, 38, Preobrajensky, 41, Zinoviev, 34 al igual que Kamenev- pero ellos tenían décadas de luchas y además la experiencia revolucionaria de 1905.
Lenin, como todos los marxistas de su época, consideraba que el partido, por importante que fuera para la lucha por la revolución,  era sin embargo sólo un instrumento transitorio en la lucha por la supresión de las clases en el socialismo, al igual que el Estado de nuevo tipo que había que construir sobre nuevas bases para empezar a superar el capitalismo.
Creador del partido, estaba lejos de ser fetichista respecto a una organización que consideraba al servicio de los trabajadores y que, si no cumplía su función, podía ser reemplazada por otra más adecuada. Política y moralmente estaba en las antípodas de esa hechura totalitaria inventada por Stalin y la burocracia soviética y cristalizada en el dogma “marxista-leninista” con su culto del Líder, su partido único y monolítico fusionado con el aparato estatal y con el nacionalismo estrecho de una casta conservadora y parasitaria que vive de los privilegios que arranca a la sociedad sobre una base nacional y que una revolución mundial pondría en peligro.
Como Trotsky y todos los revolucionarios rusos educados en el exilio europeo Lenin era un ferviente internacionalista y jamás pensó que la revolución rusa pudiese subsistir si no se producía una revolución en los países más industrializados, sobre todo en Alemania, que ayudase a superar el terrible atraso cultural y técnico ruso. Creía tan firmemente que la revolución rusa era sólo un peldaño en una lucha internacional permanente y que la tarea de los rusos era aguantar defendiendo la revolución hasta que otra u otras más importante tomasen el relevo que bailó y saltó de júbilo bajo la nieve del duro invierno moscovita cuando la recién nacida república soviética superó los dos meses y diez días (desde el 18 de marzo hasta el  28 de mayo de 1871) de duración de la Comuna de París.
Lenin, descendiente de rusos, alemanes, calmucos, judíos, era profundamente ruso por su cultura y su conocimiento del país (su primera obra importante a los 29 años -en 1899- fue un estudio de la realidad nacional titulado El desarrollo del capitalismo en Rusia), pero no se consideraba ni revolucionario ruso ni menos aún estadista ruso: por el contrario, se veía a sí mismo como un revolucionario internacionalista que luchaba en una parte del frente de la revolución mundial y, en lo inmediato, se oponía con toda su energía a la opresión del nacionalismo gran ruso sobre las nacionalidades asiáticas oprimidas por el Zar, después por Stalin y hoy por Putin que, como el zarismo y el stalinismo, se apoya sobre la visión imperialista gran rusa y sobre la Iglesia Ortodoxa rusa, que es profundamente chauvinista.
La burocratización del Partido y del Estado
El antiestatismo de Lenin desarrollado en El Estado y la Revolución, su última obra antes de octubre de 1917, chocó sin embargo con la realidad de un país devastado por la guerra mundial de 1914-18 y la guerra civil que duró hasta 1923. Rusia , en efecto, tenía antes del conflicto bélico casi 126 millones de habitantes pero perdió en él 3 500 000 habitantes y otros 7 millones en la terrible guerra civil que comenzó poco después de la incruenta toma del poder. En 1923, después de esa sangría, el país estaba además en ruinas: con respecto a 1913, el año anterior a la guerra mundial, la tierra cultivada equivalía a 62 por ciento de la antes productiva, la cosecha era 40 por ciento menor, sólo quedaban vivos 16 millones de caballos de los 35 millones anteriores y 37 millones de vacas sobre 58 millones antes de la guerra. Los ferrocarriles, esenciales para las largas extensiones rusas, estaban destruidos y la clase obrera estaba prácticamente aniquilada (contaba con poco más de un millón de trabajadores industriales sobre los tres millones anteriores) o, como comprobaba Lenin mismo, se había desclasado pues  había sido la columna vertebral del Ejército Rojo sufriendo enormes bajas mientras los sobrevivientes se convertían en cuadros militares o estatales. Por último, para hacer frente a la reconstrucción y a sus gastos el naciente Estado obrero y campesino debía emitir sin respaldo un 98 por ciento de su moneda y una inmensa hambruna arrasaba Ucrania.
El partido había sufrido daños similares y aún mayores. La pequeña cohorte de militantes bolcheviques[5], formada en la vida clandestina, el internacionalismo activo, la discusión y la elaboración teórica fue diezmada por la guerra mundial y la guerra civil. Muchos de sus miembros principales se convirtieron en militares y los nuevos miembros o eran jóvenes obreros sin preparación cultural o soldados campesinos y suboficiales acostumbrados a mandar o, incluso, oportunistas que se arrimaban al poder.
Los sobrevivientes de la preguerra que habían hecho la revolución quedaron en minoría en ese mar de militantes que jamás habían salido de Rusia ni habían participado en las grandes polémicas entre mencheviques y bolcheviques y en el seno de los bolcheviques mismos. La mayoría del  Partido, como la clase obrera y toda la población rusa, después de los esfuerzos realizados y de los terribles sacrificios realizados quería gozar la paz tan duramente conquistada. La incultura y la barbarie de los mujiks rusos y la grosería brutal de la vida cuartelera entraron a formar parte de las costumbres cotidianas en el mismo Partido.
Al mismo tiempo, al conquistar el poder estatal, el partido fue absorbido por el aparato del Estado, al cual quiso controlar pero que terminó imponiéndole su forma de funcionamiento a pesar de los esfuerzos –sobre todo de Trotksy- por innovar, quitándole poder a la Iglesia ortodoxa, eliminando grados y jerarquías en las fuerzas armadas y convirtiendo a los omnipotentes ministros en Comisarios del Pueblo, entre otras medidas democratizadoras.
La difusión del analfabetismo[6], la destrucción de las bases materiales de la economía y el escaso desarrollo industrial impidieron pues la socialización de los medios de producción que, estatizados, dieron base a lo que Lenin calificó de Capitalismo de Estado con fuertes deformaciones burocráticas.
Hay una base económica y tecnológica para el desarrollo de la burocracia en la Unión Soviética muerto ya Lenin y bajo la dirección de Stalin. La escasez, en efecto, exige alguien que racione los bienes y controle su distribución (sirviéndose siempre y antes de los demás, por supuesto). Pero esa burocracia no se habrá extendido al poder soviético y al partido si éste no hubiese suspendido transitoriamente la existencia pública de las fracciones internas que siempre habían existido, si la clase exhausta hubiese podido mantener el poder de los soviets como control sobre el partido y sobre el Estado y si el cansancio de las masas no se hubiese transmitido al partido bajo la forma de una burocracia incontrolada, conservadora y despótica que en pocos años elevó a Stalin como su representante.
Partido único y sin vida democrática interna, fusión entre partido y Estado aún capitalista aunque sin representantes de la burguesía, formas de vida, costumbres, cultura  burguesa atrasada en la burocracia, imitación del capitalismo monopólico de los países más industrializados para tratar de superarlos, regionalismo y nacionalismo, fueron las condiciones esenciales para el desarrollo de la burocratización soviética, que comenzó con Lenin cuando éste combatía una batalla contra la enfermedad que le impedía intervenir como quería en los asuntos del partido y del Estado.
Los requisitos para combatir contra el poder y hacer frente armas en mano a múltiples y numerosos enemigos no son siempre iguales que los necesarios para escuchar a los trabajadores y a las bases del partido, intervenir paciente y didácticamente, convencer y aprender en la construcción del socialismo. Muchos líderes campesinos eran caudillos y, en la guerra civil, muchos militantes obreros se acostumbraron mandar y ser obedecidos pues eso impone la necesidad de ser eficaces frente a un adversario superior en medios y en experiencia.
Vencida la reacción, la administración de empresas complejas, de enteras ramas económicas y de las diversas instituciones estatales requería conocimientos nuevos y una preparación técnica especial que pocos revolucionarios tenían. Era frecuente, por lo tanto, que éstos se informasen preguntando cómo se hacían anteriormente las cosas a quienes las habían hecho antes bajo el zarismo (más de dos tercios del personal técnico del nuevo Estado habían servido al viejo, incluso en el ejército, lleno de ex oficiales zaristas) o cómo trabajaban empresas del mismo tipo o los servicios estatales en los países capitalistas más industrializados. Como decía Lenin y como había sucedido en la antigüedad en China con todos los conquistadores bárbaros - tibetanos, mongoles, manchúes- los burgueses vencidos en Rusia imponían su cultura superior a los vencedores.
Lo único que habría permitido acortar este forzoso aprendizaje, formar nuevos cuadros revolucionarios superiores a sus antecesores y controlar y depurar constantemente, sobre la marcha misma, a los aparatos del partido y del Estado, era precisamente lo que había impulsado poderosamente a hacer la revolución pero no existía ya en el momento de la construcción del socialismo: una esperanza en el triunfo de la revolución en los países más industrializados de Europa, un fuerte apoyo internacional.
Rusia, destruida y agotada, dependía de sí misma para la superación de su atraso, de la hambruna, de la miseria generalizada. Eso acentuaba el cansancio de las masas, su nacionalismo atrasado e influía en la burocratización del partido la cual, a su vez, interactuaba con las masas retirándolas de la participación, paralizando su control y sus iniciativas. Si Lenin hubiese sobrevivido habría retrasado por un tiempo el triunfo de la burocracia expulsando a Stalin de su puesto de secretario general que le permitía fomentarla y organizarla pero no habría podido impedir el proceso objetivo de burocratización. Probablemente, como dijo Nadezhda Krupskaia, su compañera de lucha, al pasar a la oposición, Lenin habría terminado asesinado o encarcelado, como sus compañeros y discípulos que hicieron la revolución de Octubre.
Por eso, consciente de la fuerza de un proceso objetivo desfavorable, Lenin esperaba ardientemente que el poder soviético en construcción y ya burocratizado pudiese nadar contracorriente frenando la degeneración burocrática con una audaz utilización del factor subjetivo o sea, mediante una depuración del partido mediante una acción unitaria del grupo dirigente reformado. Esa esperanza idealista no pudo concretarse porque Trotsky vaciló y sobrepuso la defensa de su imagen[7] al pedido de Lenin de acabar con Stalin y éste tuvo tiempo para capear el temporal y afirmarse en el aparato apenas murió Lenin.
Todo lo que nace, muere, incluso los procesos revolucionarios. Pero lo que sucedió en Rusia debe ser tomado como lo hizo Lenin cuando el gobierno revolucionario superó la corta e intensa vida de la Comuna de París. “El camino de la victoria está empedrado de derrotas” dijo Rosa Luxemburgo.
De los errores de los jacobinos franceses aprendieron los heroicos comuneros que “asaltaron el Cielo” y también la falange de bolcheviques aniquilada por el terror de Estado stalinista. De la experiencia de la Revolución Rusa aprenderán las nuevas generaciones revolucionarias de otros países si el capital financiero no destruye la civilización actual y las clases existentes con una guerra mundial atómica o con un desastre ecológico terrible.
 Para salir de la barbarie en la que el capitalismo ha hundido ya al mundo, habrá que retomar y terminar la obra iniciada por Lenin, Trotsky y sus compañeros de destino.
Marsella, 31 de agosto de 2017












[1] Lenin pertenecía a una familia de la pequeña nobleza y el príncipe Kropotkin o Bakunin, anarquistas, eran nobles.
[2] El jefe de la organización terrorista de los social-revolucionarios, que había organizado atentados contra los zares y sus ministros y el diputado bolchevique en la Duma y exsecretario del sindicato de metalúrgicos, el obrero Roman Malinovski, entre otros muchos, eran agentes de la Ojrana, la policía zarista.
[3] La revolución democrática china de 1910, la persa y la mexicana del mismo año.
[4] Quizás con la excepción parcial de los partidos yugoslavo y chino, cuya temprana stalinización afectó sin embargo duramente la circulación interna de ideas, la vida democrática y la elaboración teórica sobre los problemas nacionales.
[5] 10  mil en 1910, sólo cinco mil en 1916, según el muy interesante artículo de Pierre Broué Rusia 1917.El Partido Bolchevique en el folleto uruguayo Socialismo Internacional, 03/10/2010.
[6] Generalizado en la mayoría campesina y prácticamente total en las minorías étnicas muchas de las cuales no tenían lengua escrita y detestaban la lengua rusa impuesta por los opresores zaristas. 
[7] “Me horrorizaba la idea de que el partido pudiese pensar que me oponía a Stalin por ambición personal”, explica Trotsky para justificar su conciliación con Stalin en ese decisivo momento.   

domingo, 27 de agosto de 2017

Con la reforma educativa todos pierden, afirman especialistas

                                                                               La Jornada
Sociedad y Justicia

La propuesta no reconoce la resistencia magisterial, indican en un encuentro
Con la reforma educativa todos pierden, afirman especialistas
Deja fuera el analfabetismo y el rezago
Se busca acotar al maestro como líder social, señalan

Este sexenio se caracteriza porque todos pierden en materia educativa. Al final, el gobierno federal no logró lo que se proponía, pero también perdieron el magisterio nacional, los académicos y la sociedad, ya que hubo una regresión en el sector, afirmaron investigadores y especialistas.
Reunidos en el Encuentro Nacional por Niveles y Modalidades Educativas, convocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), destacaron que tanto en la reforma como en el nuevo modelo educativo nos enfrentamos a una propuesta que no reconoce la resistencia magisterial a su implementación, y al menos en sus documentos rectores habla de un escenario educativo sin tensiones ni conflictos, que no corresponde con la realidad.
Hugo Casanova, investigador y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), destacó que la reforma que se pretende implementar, y que dejó hasta la última etapa del sexenio la presentación de algunos contenidos pedagógicos, deja fuera dos de los más grandes desafíos educativos en México: el analfabetismo, en el que se encuentran más de 5 millones de personas, y el rezago educativo, que afecta a 32 millones de mexicanos que no han concluido su educación básica.
En un análisis de los documentos rectores del nuevo modelo educativo, elaborados por la Secretaría de Educación Pública (SEP), detalló que no sólo se trata de textos con faltas ortográficas y de redacción, que al distribuirse a todos los maestros y padres de familia, se repetirán por millones, sino de instrucciones, propuestas y planes para quitar toda atribución al maestro de ser un verdadero formador, que además prácticamente no menciona el libro ni las bibliotecas.
Juan Manuel Rendón, profesor y ex director de la Benemérita Escuela Normal de Maestros, advirtió también que no sólo se busca la reducción de los aprendizajes que se pueden generar en el aula a un concepto de competencias, también se busca una esterilización del maestro como un líder social, un agente de cambio que debe tener entre sus competencias la aplicación crítica de los planes y programas de estudio, pero incluso esta atribución ha sido eliminada en el nuevo modelo educativo.
Destacó que el plan de modelo formativo dado a conocer por la SEP está diseñado claramente con una propuesta ideológica de ciudadanía del siglo XXI en el que los alumnos son clientes de los servicios educativos, y el fin último es tener ciudadanos que acepten y se adaptan a la permanente incertidumbre y explotación del sistema neoliberal.
Por su parte, Enrique Ávila, profesor e historiador, calificó la instrumentación de la reforma y el nuevo modelo educativo como la historia de una infamia, con la que se buscó destruir no sólo las conquistas laborales de los docentes, sino imponer conceptos, como el de calidad, que nada tienen que ver con la pedagogía. Se trata de una propuesta del mundo de los negocios y de la producción en serie.
La imposición de exámenes estandarizados para determinar el ingreso, promoción y permanencia de docentes, pero también para medir el aprendizaje alcanzando por los alumnos, ha tenido un fracaso estrepitoso, aunque sí ha presentado un enorme éxito económico para organismos como el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, sin que esto genere en las aulas ninguna mejora.

martes, 15 de agosto de 2017

Científicos en pie de lucha en las naciones emergentes



                                                                                         La Jornada  

  Opinión
Martes 15 de agosto de 2017
Científicos en pie de lucha en las naciones emergentes
Javier Flores


Hace algunos años fue muy celebrado un grupo de potencias emergentes conocido como BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia, India y China). Un elemento común a todas ellas, y que en mi opinión explicaba su éxito, era la inversión que realizaban en ciencia y tecnología, la cual era superior al uno por ciento de su producto interno bruto (PIB). Pero en el siglo XXI la situación ha cambiado mucho en algunas de estas naciones, como ocurre hoy en India y Brasil, donde las comunidades científicas tienen que movilizarse en busca de retomar el camino de crecimiento científico que sus gobiernos han decidido sacrificar.
India ha sido la cuna de grandes científicos, como Chandrashekhara Venkata Raman, quien obtuvo el Premio Nobel de Física en 1930 por sus trabajos sobre la dispersión molecular de la luz; en 1995, el físico y matemático Subrahmanyan Chandrasekhar obtuvo también ese galardón por sus estudios teóricos de los procesos físicos en la formación y evolución de las estrellas, y en 1968, Har Gobind Khorana obtuvo el Nobel en fisiología y medicina por sus estudios sobre la interpretación del código genético y la síntesis de proteínas. Pero hoy esa nación, que ha dado lugar a esas y otras glorias científicas, pasa por una crisis que ha llevado a la comunidad científica de esa nación a lanzarse a las calles en protesta por la escasa atención que sus gobernantes brindan a las tareas científicas y tecnológicas.
En una nota publicada en Nature el pasado 9 de agosto, TV Padma describe cómo miles de científicos, estudiantes universitarios y entusiastas de la ciencia salieron a las calles ese día en decenas de ciudades para marchar en apoyo de la ciencia, protestando por los bajos niveles de financiamiento para la investigación y quejándose por la promoción gubernamental de ideas no científicas. En las manifestaciones algunos prestigiados investigadores no pudieron participar por una prohibición gubernamental directa a que lo hicieran.
La manifestación, que llega cuatro meses después de la Marcha Mundial por la Ciencia, pone el énfasis en que a pesar de las promesas de los diferentes gobiernos de incrementar la inversión a 2 por ciento del PIB, esto no ha ocurrido, pues el financiamiento no ha variado significativamente de 0.9 por ciento en la década pasada.
Por otra parte, y aunque el contexto es muy diferente, en Brasil, las posturas de la comunidad científica se han radicalizado. En marzo de este año, el gobierno encabezado por Michel Temer anunció un nuevo recorte de 44 por ciento en el presupuesto propuesto para la ciencia, llevándolo al nivel más bajo en 12 años. Aunque los ajustes afectaron a casi todos los ministerios federales, la reducción del gasto en ciencia fue particularmente fuerte, porque ya había sido recortado cada año desde 2013,
escribe Anna Petherick en una nota publicada el jueves pasado en la sección de noticias de la revista Nature. La autora añade que esto ya ha comenzado a provocar el éxodo de investigadores y estudiantes de ciencia hacia otras naciones en busca de mejores oportunidades.
Los medios brasileños han dado cuenta recientemente de cómo la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), que es la mayor organización de la comunidad científica en ese país, con más de 6 mil miembros y 100 sociedades científicas asociadas, emitió una resolución que fue enviada hace pocos días a los presidentes de las cámaras de diputados y senadores, así como a representantes de todos los partidos políticos brasileños, en la que se pronuncian abiertamente por la realización de elecciones anticipadas.
Brasil está inmerso en una grave crisis política y económica. El gobierno actual ha implementado un programa para retirar derechos del pueblo brasileño y ha conducido a la ciencia nacional al peor presupuesto de las décadas recientes, dice la misiva dirigida también a todos los parlamentarios del Congreso Nacional.
Los científicos brasileños recuerdan al gobierno de Temer que su llegada a la presidencia y las políticas que ha impuesto no corresponden con un procedimiento democrático: Las medidas adoptadas van en la dirección contraria a la opinión expresada en las urnas por la población brasileña y no pasaron por el tamiz popular, además de que son fuertemente rechazadas por la sociedad, dicen en su carta, en la que subrayan el alto índice de rechazo a propuestas como la Enmienda Constitucional 95, que congela las inversiones en las áreas sociales, incluidas ciencia y tecnología, para los próximos 20 años.
Las recientes denuncias de la Procuraduría General de la República sobre actos de corrupción que involucran al presidente y algunos miembros de su equipo dejan evidente que el actual gobierno no tiene condiciones de conducir reformas y medidas tan impactantes para la vida de la población, dicen los académicos que concluyen su misiva diciendo: En función de esto y de la histórica participación de la SBPC en momentos cruciales para la democracia brasileña, nos posicionamos en defensa de las elecciones directas.
Lo que ocurre en India y Brasil es un mensaje para todo el mundo en desarrollo sobre la fragilidad del progreso económico en ausencia de un proyecto que incluya el desarrollo científico y tecnológico de largo plazo, así como sobre el creciente papel de los científicos en la lucha contra los gobiernos con políticas regresivas en este sector.