Emir Olivares, Arturo Sánchez y Jesús Aranda
miércoles, 22 de febrero de 2017
lunes, 20 de febrero de 2017
jueves, 16 de febrero de 2017
lunes, 13 de febrero de 2017
jueves, 9 de febrero de 2017
En la Constitución conviven el espíritu social y el neoliberal
Llega a su centenario con 695 cambios en 114 artículos
En la Constitución conviven el espíritu social y el neoliberal
La Constitución de 1917 llega a su centenario con 229 reformas, que se traducen en 695 cambios a 114 de sus 136 artículos. Algunos especialistas consideran que del texto original –que tenía 21 mil palabras de extensión– apenas queda intacto entre 5 y 10 por ciento. Ahora es un volumen que tiene más de tres veces el tamaño del original.
Con tantos cambios, la discusión en torno a si se habla o no de la misma Constitución se vuelve inevitable. La cuestión es si estas modificaciones han sido sólo materiales o si se ha transformado el espíritu con el que los posrevolucionarios la promulgaron.
Hablamos de la misma, pero está invadida por otra, por una Constitución neoliberal, es la opinión de Alejandro del Palacio Díaz, profesor-investigador del departamento de derecho de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Azcapotzalco.
Consideró que los cambios hechos a partir del sexenio de Miguel de la Madrid (1982-88) y hasta las últimas modificaciones en la administración del presidente Enrique Peña Nieto han transformado un Estado social, plasmado en el texto de 1917, en uno neoliberal.
En casi un siglo de reformas –la primera hecha en 1921–, el periodo en que más cambios se han introducido a la Carta Magna inicia en 1982 y continúa en la actualidad: casi dos tercios de las reformas (66.9 por ciento) y más de la mitad de los decretos (56.4 por ciento) son posteriores a ese año, de acuerdo con un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM.
La reforma educativa, la energética, la electoral, la del sistema de pensiones o la de los derechos humanos son algunas de las que se han registrado en este periodo.
Diego Valadés, investigador del IIJ y presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, plantea que
las enmiendas a veces han sido polémicas, pero esencialmente no contravienen el proyecto original de la Constitución. Valadés no advierte, con excepción de algunos matices, cambios que al proyecto social del 1917.
Ni siquiera los veo en las reformas en materia energética de 2013.
Desde su punto de vista, la Constitución ha mantenido
su trayectoria social. Lo que no se ha conservado es la trayectoria social de las políticas de Estado. Hay divergencia entre lo que el texto constitucional prevé y lo que la práctica ofrece, pero esto no depende de los enunciados constitucionales, sino de la organización política del Estado mexicano, que es francamente deficiente.
Los cambios a la lay fundamental han incluido asuntos como el control de la constitucionalidad de las leyes, la autonomía de gobierno y administración de los municipios, el sistema electoral y representativo (federal y local), los derechos y autonomía de los pueblos indígenas, la propiedad y justicia agraria, la transparencia y acceso a la información pública gubernamental, los sistemas de justicia penal y seguridad pública, las relaciones del Estado con las iglesias y las comunidades religiosas, y la explotación de recursos energéticos y empresas productivas del Estado. Para Miguel Pérez López, constitucionalista de la UAM, hay un punto que ni los impulsores del modelo neoliberal se han atrevido a modificar en nuestra Constitución: el párrafo primero del artículo 27.
Ahí se establece que la propiedad de las tierras y las aguas del territorio mexicano corresponde originalmente a la nación, y que de ahí se deriva la propiedad privada.
Una de las preocupaciones de estos especialistas es lo que Pérez López llama el desbordamiento en el número de reformas. “Hay enmiendas que uno se pregunta qué objetivo tienen. Hace poco se hizo una para cambiar el nombre de Coahuila y agregarle ‘De Zaragoza’. A la Constitución debería llegar sólo lo más importante, lo más trascendente para la vida de los mexicanos”.
Para hacer una reforma constitucional se requiere que el Congreso de la Unión, a través de cada una de sus dos Cámaras, apruebe el cambio con el voto de dos terceras partes de los representantes presentes, y que esto sea ratificado por los congresos de 16 estados.
Antes que proponer candados para evitar que se cambie la Carta Magna a la menor provocación, el académico llama la atención sobre que las reformas son la vía por la que evoluciona nuestra ley fundamental.
Valadés cree
Ahí se establece que la propiedad de las tierras y las aguas del territorio mexicano corresponde originalmente a la nación, y que de ahí se deriva la propiedad privada.
Esto significa que en México no aplica el modelo estadunidense de propiedad privada como derecho inherente a la persona. Los neoliberales que nos gobiernan saben que el día en que esto se modifique, México perderá su soberanía económica.
Una de las preocupaciones de estos especialistas es lo que Pérez López llama el desbordamiento en el número de reformas. “Hay enmiendas que uno se pregunta qué objetivo tienen. Hace poco se hizo una para cambiar el nombre de Coahuila y agregarle ‘De Zaragoza’. A la Constitución debería llegar sólo lo más importante, lo más trascendente para la vida de los mexicanos”.
Para hacer una reforma constitucional se requiere que el Congreso de la Unión, a través de cada una de sus dos Cámaras, apruebe el cambio con el voto de dos terceras partes de los representantes presentes, y que esto sea ratificado por los congresos de 16 estados.
Antes que proponer candados para evitar que se cambie la Carta Magna a la menor provocación, el académico llama la atención sobre que las reformas son la vía por la que evoluciona nuestra ley fundamental.
Las sociedades cambian, y sus constituciones deben cambiar con ellas.
Valadés cree
lo que se necesita es un modelo para que las reformas se hagan de una manera diferente. Ahora los cambios se hacen de manera muy detallada, lo que agranda innecesariamente el texto constitucional.
Es necesario que las fuerzas políticas tengan confianza entre ellas y acepten que las reformas constitucionales se refieran sólo a generalidades, y que los aspectos específicos queden en las leyes.
domingo, 5 de febrero de 2017
viernes, 27 de enero de 2017
¡A defender a México ante el imperialismo de EUA, SI! ¡ Unidad nacional con Peña Nieto, NO!
¡A defender a México ante el imperialismo de EUA, SI!
¡ Unidad nacional con Peña Nieto, NO!
Manuel Aguilar Mora
Desde el 1° enero con el anuncio del gasolinazo hasta el 25-26 del mismo mes con la confrontación política de los gobiernos de Trump en Estados Unidos (EUA) y de Peña Nieto en México, este último ha entrado en una situación crítica de consecuencias inauditas para los dos países. En especial los destinos de los pueblos, de los trabajadores y los oprimidos de ambos países se vincularán aún más estrechamente.
La cancelación de la reunión de los dos presidentes programada para el martes 31 de enero por parte de Peña Nieto, inmediatamente también asumida por Trump, es el punto culminante de una política conciliatoria y titubeante que éste mantuvo con el dirigente imperialista que hoy gobierna Estados Unidos. La política conciliadora del gobierno de Peña Nieto se inició desde la desafortunada invitación a visitar México que le hizo a Trump cuando éste era el candidato republicano para las elecciones presidenciales del país vecino de noviembre pasado. La base de esa posición era que había que ser dialogantes y razonables con el energúmeno. Una premisa por completo errónea y contraproducente como se mostró con evidencia cuando ya como presidente electo y hace unos días cuando tomó posesión del cargo Trump continuó incluso redoblándolos sus ataques a México e insistiendo que el muro de la vergüenza y la indignidad que quiere construir en la frontera entre los dos países sea pagado por los mexicanos.
La cancelación de la reunión hunde a Peña Nieto en el peor momento de su gobierno: con una abrumadora mayoría de la población que lo considera como el peor presidente en décadas y confrontado abiertamente con el gobierno estadounidense. Con la concordia en las relaciones bilaterales con EUA hecha pedazos, Peña Nieto se encuentra suspendido en una situación que lo acerca al borde del precipicio.
En el mundo politiquero, entre los partidos políticos oficiales “registrados” y entre los cómplices del régimen en diversos sectores, la crisis a la que ha llegado la relación diplomática con Trump de inmediato ha sido el motivo para sacar del baúl de las antigüedades lo que fue el hilo rojo de la política de los años dorados del nacionalismo mexicano, que también fueron los del PRI, la política de la “unidad nacional”. No es difícil saber por qué la invocan: puede permitirle al gobierno de Peña el alivio que tanto necesita en estos días turbulentos.
Pero la globalización capitalista acabó con todo eso y fue el propio PRI, con Salinas de Gortari como presidente, quien le puso la losa a dicho “nacionalismo” con la forja y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio con EUA y Canada. La globalización es un hecho irreversible, está en la esencia del capitalismo, lo que al mismo tiempo quiere decir, es un proceso contradictorio y sometido a las leyes de este sistema que se basan primero que todo en la competencia económica que en momentos críticos puede llegar a ser dura y violenta y conducir, como se ha demostrado con creces en el siglo XX y se está ratificando en el nuevo siglo, a guerras devastadoras.
La situación actual de profunda crisis capitalista detonada desde 2008 y cuyas consecuencias no han podido neutralizarse a pesar de los no pocos esfuerzos de los gobiernos, ha producido acontecimientos mayores como la salida del Reino Unido británico de la Unión Europea (el llamado brexit) que mostró la crisis de esta última, el surgimiento de China, gobernada por el partido comunista fundado por Mao Tse Tung, como país clave de la economía mundial capitalista y el propio triunfo de Donald Trump contra todos los pronósticos políticos internacionales. El colapso del TLC de América del Norte es otra de las consecuencias de esta crsis capitalista mundial.
Los trabajadores y oprimidos de Méxco no deben ser quienes paguen esta crisis de sus explotadores nacionales y extranjeros. La demagogia de Trump que grita que EUA ha sido explotado por México y que EUA ha sido el gran perdedor del TLC, se vendrá abajo muy pronto cuando las promesas de cambio y esperanza que hizo a millones de trabajadores estadounidenses que votaron por él, se demuestren que eran completamente demagógicas. El TLC fue un proyecto que benefició en primer lugar a las grandes corporaciones estadounidenses que desmantelaron fábricas que tenían en Detroit, en Toledo, en Chicago y en otros lugares y las instalaron en la frontera mexicana y en muchas ciudades del interior de México. El resultado fue que lograron ganancias extraordinarias pues los salarios pagados a los trabajadores mexicanos eran diez o más veces menores a los que pagaban por el mismo trabajo en EUA. Benefició también a muchos capitalistas y comerciantes mexicanos que se convirtieron en socios menores de los capitalistas estadounidenses. De hecho, el déficit comercial que Trump señala tiene EUA con México representa en gran medida las ganancias extraordinarias que las grandes corporaciones imperialistas, en especial estadounidenses obtienen aqui. No es por filantropía, por ejemplo, que la empresa comercial más grande del mundo Wal-Mart ha instalado en México el mayor número de tiendas después de EUA.
El grueso de la burguesía mexicana ya no es “nacionalista”, los tiempos del cardenismo (el original del presidente Lázaro Cárdenas) han desaparecido para no volver. Los gobiernos priistas y sus imitadores panistas han sido y son gobiernos enfeudados a los intereses y mecanismos del imperialismo, en especial estadounidense. La actual crisis los está dejando pasmados, realmente para ellos la situación está llegando a un callejón sin salida. Pensar, imaginar que Peña Nieto puede ser el que encabece una pelea mínimamente creíble de defensa de los intereses del pueblo de México contra los designios imperialistas linda en la insania. No hay el menor fundamento para concebir al PRI o al PAN, incluso al PRD como partidos antiimperialistas.
En este mes de enero desde Baja California a Chiapas miles, cientos de miles de hombres y mujeres se han manifestado en las calles contra el gasolinazo decidido por Peña Nieto. Un grupo de sindicatos ha anunciado ya la realización de una gran manifestación en la Ciudad de México para el martes 31 de enero. Obviamente los acontecimientos que se han acelerado tan dramáticamente durante el mes que transcurre estarán muy presente en las próximas marchas, mitines y reuniones que se dan en todo el país. La cuestión del qué hacer ante el desafío que representa la agresión del gobierno de Trump se convertirá en la cuestión central junto a la de la lucha contra el gasolinazo de Peña Nieto.
Es muy previsible que cientos de miles, millones de mexicanos y mexicanas serán convocados a la defensa del país agredido por el gobierno del poderoso país vecino. Pero la lucha que se proyecta ya no será al estilo de la lucha nacionalista que se dio como consecuencia de la revolución mexicana de 1910. Hoy la globalización capitalista ha estrechado los destinos de los dos países, en primer lugar de los pueblos trabajadores de los dos países. En EUA hay millones de trabajadores mexicanos o de origen mexicano, 10 millones de ellos está amenazados de ser expulsados por Trump, otros más trabajan allá porque el capitalismo mexicano les ofreció trabajos mal pagados o de plano ningún trabajo y millones de familias mexicanas dependen de sus remesas, las cuales Trump también amenaza con intervenir. La lucha por sus derechos es vital para todo el pueblo de EUA pues las consecuencias económicas y sociales de su expulsión masiva (que ya empezó en el gobierno de Obama) serán devastadoras no sólo para México sino también para EUA.
Para los trabajadores de México sus intereses coinciden con los de los trabajadores de EUA. Los trabajadores de México no les “quitan”, como dice Trump, el trabajo a sus hermanos de EUA, son los capitalistas de los dos países los que se benefician de los salarios de hambre que reciben los primeros. Para ellos como para los trabajadores de EUA es vital lograr la nivelación salarial hacia arriba en ambos países y sólo una lucha solidaria también por arriba de la frontera puede conseguir eso. La reciente lucha de los obreros agrícolas de San Quintín en Baja California lo demostró con evidencia: para los obreros agrícolas de California es vital el mejoramiento de las condiciones de trabajo de sus hermanos del sur de la frontera.
Los tiempos están cambiando, como dice la canción de Bob Dylan de los 60's. Y, agregamos, en estos días de enero de 2017 lo hacen aceleradamente en América del Norte, tanto en EUA (¡una inaudita marcha de dos millones de mujeres y hombres protestando contra Trump en todo EUA un día después de su toma de posesión!) como en México. Son tiempos en que se gestan luchas sin paralelo en la historia de los dos países que la globalización capitalista ha unido estrechamente como nunca antes. Las luchas de sus pueblos no serán luchas aisladas una de la otra. Serán luchas unidas contra esa globalización capitalista y por una sociedad binacional solidaria en donde no sean ellos los que paguen por la crisis forjada en las contradicciones mismas del capitalismo. Serán luchas anticapitalistas, en las que en México los trabajadores junto a todo el pueblo explotado defienda los intereses de la nación de manera independiente de los partidos proburgueses y de sus líderes que son conciliadores y finalmente capituladores ante el imperialismo y en la que los trabajadores y el pueblo oprimido de EUA surjan como los aliados más importantes y decisivos de la transformación social de América del Norte.
Ciudad de México, 27 de enero de 2017
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