jueves, 16 de mayo de 2019

Maestros, nuevas disputas y otros desafíos

La Jornada
Opinión
Maestros, nuevas disputas y otros desafíos
Se han analizado con abundancia las consecuencias laborales de la reforma educativa que se va y de la que está en proceso, en gran medida, porque los reformistas de la educación han conducido a los docentes a encasillarse en ese debate, explotando las preocupaciones primarias de cualquier gremio, estabilidad en el empleo y condiciones salariales; no obstante, el tema es más complejo y no deben perder de vista que el proyecto neoliberal no se ciñe sobre la implementación de los mecanismos de precarización laboral.
El cambio de las evaluaciones punitivas a las evaluaciones diagnósticas, de los énfasis en la formación y no en la evaluación (al menos así aparece en el discurso), tiene que ver con moldear la mentalidad de los maestros; no podemos negar que junto a ese sector que se rebela reivindicando su identidad colectiva, histórica y pedagógica, hay otro que está siendo colonizado por la ideología neoliberal: defiende el mérito personal como derecho y como principio de la profesión, se ha apropiado de los antivalores de la sociedad del rendimiento, no se opone al proyecto educativo del capital sino que se adapta, le exige transparencia, demanda el cumplimiento de la normatividad y niega cualquier intervención de la organización gremial: son el sueño dorado del patrón.
Esta subjetividad neoliberal del docente promueve la eliminación de la libertad de cátedra y la manipulación de la prácticas pedagógicas, ambas controladas por un sistema complejo de relaciones entre formación-evaluación-promoción-reconocimiento, certificación y mérito individual; cualquier intento de autonomía, de innovación o de restitución de los derechos colectivos está subordinado con uno o más de estos mecanismos; a su vez cada uno de ellos alienta un creciente mercado de capacitaciones en la escuelas privadas o cursos en línea, simulacros para contestar los exámenes, planeaciones prelaboradas, programas curriculares para llenar de contenido la supuesta autonomía, manejo y organización de datos de los alumnos a través de plataformas educativas digitales y, por supuesto, de herramientas tecnológicas. En el caso de la certificación se produce un proceso organizativo para que los directivos se apropien de formas de administración empresarial y que los próximos consejos de evaluación aterricen la organización gerencial de la escuela, pero también de los proceso educativos.
Las evaluaciones punitivas, lo mismo que las diagnósticas y asociadas a la formación, son una mina de datos de los alumnos, maestros, directivos, escuelas y sistemas educativos que son recogidos por los organismo autónomos de evaluación o los llamados multinacionales para crear toda una industria cognitiva. Como ejemplo la alianza del corporativo Pearson con PISA, le ha permitido al monstruo de la producción de libros de texto expandir su negocio en la creación de plataformas de contenidos digitales para reforzar los aprendizajes medidos por la prueba de la OCDE, los mismo sucede con las empresas nacionales, algunas de ellas filiales o asociadas de Pearson y los instrumentos evaluativos regionales.
No es casualidad del modelo educativo 2016 el énfasis en los aprendizajes clave y la crítica al aprendizaje memorístico ni que la reforma educativa en puerta dé un paso adelante en la educación inicial, inclusiva y con enfoque de género; ambos procesos se relacionan con el proyecto (2014) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos para consolidar una nueva generación del informe Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes ahora llamado PISA para el desarrollo en el que se incluye la evaluación estandarizada de la educación inicial, la diversidad, el enfoque inclusivo, así como el desarrollo de las habilidades socioemocionales y del pensamiento crítico.
Si los docentes no construyen un acervo pedagógico crítico, serán presa fácil de esta subjetividad neoliberal, que no sólo se está arraigando en los sectores más institucionales, sino que también empieza a penetrar en las resistencias magisteriales, introduciendo en la formación y las evaluaciones estandarizadas lenguajes plurales, progresistas en apariencia, pero que son parte de una segunda colonización del capitalismo cultural, de la expansión de modelos de producción y distribución industrial de mercancías basados en formas de organización que no necesitan la concentración de los trabajadores ni de su división especializada, sino que demandan formas colectivas o individuales de trabajo aparentemente autónomas, controlables por medios digitales y que requieren de multihabilidades, competencias integrales, desarrollo de liderazgos o la capacidad de poner en acción las diferencias para concretar metas comunes, que siempre culminan en mayores ganancias para la empresa.
Junto a la lucha por los derechos laborales, también resulta necesaria la disputa por una nueva subjetividad docente crítica y liberadora, replantear los proyectos pedagógicos emancipadores frente a los lenguajes que han sido cooptados por el capitalismo y evidenciar que detrás sus propuestas se arraiga la capacitación en competencias para atender las formas de reorganización de la explotación; no hay manera de adaptarse, no existe opción de coincidir: las escuelas, los docentes, los estudiantes y los procesos educativos, no son empresas de particulares, no son datos, no son mercancías sino un conjunto de instituciones, personas y relaciones humanas para desarrollarse en plenitud, para construir saberes y constituirse en formas de vida libres de cualquier tipo de explotación.

jueves, 9 de mayo de 2019

Entrevista a Nancy Fraser, Feminismo del 99%









Entrevista con Nancy Fraser, Feminismo del 99%


Entrevista con Nancy Fraser[1]
Entrevisto a Nancy Fraser en un contexto que no puede ser más propicio: las mujeres se han rebelado masivamente en su país contra un presidente que consideran misógino, han rechazado votar a una mujer que pudiera haber sido la primera presidenta de Estados Unidos, Hillary Clinton, y han emprendido una causa masiva y global que cada año involucra a un mayor número de mujeres de todo el planeta.
Nancy Fraser ha sido actora fundamental de estos movimientos.
¿Este movimiento feminista global emergente que usted impulsa cuenta con una única agenda global?

—No creo que haya algo remotamente cercano a una sola agenda feminista global y compartida por todas las mujeres, y diría que hay dos razones para no pensar de esta manera en la actualidad: una tiene que ver con una idea de la que mucha gente habla hoy en día, y es la diversidad de las mujeres: diversidad referida a la diversidad de los espacios sociales que habitan y a los problemas de la interseccionalidad, lo que hace que la situación de las mujeres trabajadoras, las mujeres de color, las mujeres trans, las mujeres indígenas, sea diversa y nos enfrenta también a un contexto postcolonial versus uno europeo o estadunidense metropolitano, por ejemplo. Las situaciones son muy diferentes y es completamente normal, natural y deseable que diversas movilizaciones feministas se desarrollen en diferentes lugares y con diferentes énfasis.

¿Entonces no tenemos una agenda común?

—Me estoy refiriendo al hecho de enfocarse en diferentes preguntas, lo cual en sí mismo no es problemático, pero sí hay un segundo aspecto que considero que complica enormemente la cuestión de la agenda global y es que en realidad existen muchas ideas antitéticas y enfrentadas acerca de lo que es el feminismo, acerca de lo que implica la igualdad de las mujeres, acerca de lo que es la subordinación femenina y desde dónde se sustenta en nuestra sociedad, por lo que diría que hablando de la perspectiva de Estados Unidos, y aun cuando considero que no es únicamente una cuestión de este país, pues lo hemos visto en los últimos veinte años, de lo que se trata es de la emergencia de una corriente liberal hegemónica del feminismo o incluso podremos llamarle feminismo neoliberal que ha sido enaltecido, por lo menos en el ámbito mediático, y que se trata de un feminismo que sostiene una idea muy limitada y estrecha, diría incluso inadecuada, de lo que es la igualdad. No es en realidad un movimiento por la igualdad sino por la meritocracia, y a lo que me refiero es que incluye frases como “romper el techo de cristal o sobrepasarlo”. Es un tipo de feminismo corporativo que está sustentado en la situación de mujeres privilegiadas, educadas, profesionistas, mujeres empresarias heterosexuales que sostienen la idea de que el problema es la discriminación entendida en su aspecto más limitado y, por ende, sustentan que lo que tenemos que hacer es mover las barreras para que las denominadas “mujeres talentosas” puedan ascender en la escalera corporativa, incluso entre los militares, para obtener su merecido lugar con los hombres privilegiados de su misma clase. Este es para mí un feminismo muy limitado, respecto del cual estoy totalmente en contra y por ello formo parte de un esfuerzo que incluye a mucha gente y en muchos países y que está por desarrollarse, lo que yo llamo el feminismo del noventa y nueve por ciento, que es una alternativa a este feminismo corporativo, en la idea de un feminismo para la mayoría de la población. Y en esta idea del feminismo del noventa y nueve por ciento creo que es posible contar con algo similar a una agenda común, pero ha de ser muy amplia y con suficiente capacidad para que los diferentes grupos de mujeres, movimientos y luchas aquí y allá puedan desarrollar sus propios énfasis y encontrar el modo de ir adelante para lograr sus propias necesidades y reclamos. Sin embargo, considero que algunas cosas que deben ser centrales para el feminismo del noventa y nueve por ciento son el que debe incluir una amplia definición de lo que significa la violencia contra las mujeres y no únicamente maltrato doméstico o violación, sino que incluya todas las formas de violencia estatal y policial que sufren las mujeres, incluyendo violencia económica, violencia ambiental y demás. Necesitamos un panorama mucho más estructural de lo que la violencia involucra, y lo mismo opera para las cuestiones relativas a la organización de las formas de provisión y reproducción social. Las mujeres, como todas las poblaciones, están enfrentándose a un movimiento mundial de disminución del presupuesto, de recortes presupuestales estatales que apoyen las actividades de reproducción social. Esto, al mismo tiempo en que las mujeres están siendo reclutadas masivamente al trabajo remunerado, y el recorte de servicios estatales y servicios públicos es una perfecta combinación para una tormenta de estrés, para la locura cotidiana de tiempos acotados, por lo que una gran parte de la agenda feminista para el noventa y nueve por ciento hoy en día tiene que ver con la cuestión del aprovisionamiento social. Para el noventa y nueve por ciento de las mujeres no es cuestión de contratar una nana o no.

Cuando habla del noventa y nueve por ciento ¿se refiere a todas las mujeres, es decir a cada una de las mujeres en el mundo?

-No, noventa y nueve por ciento no es el cien por ciento.
¿Qué es entonces?

–Es noventa y nueve por ciento; a lo que me refiero es que el feminismo que ha devenido hegemónico ha sido para el uno por ciento de las mujeres, y necesitamos un feminismo para el noventa y nueve por ciento. La solución para el estrés cotidiano, para el tiempo que nunca alcanza y las presiones que derivan de la reproducción social para el uno por ciento de las mujeres, ha sido contratar mujeres emigrantes, gente de color, mujeres indígenas, pagándoles muy poco y manteniéndolas en situaciones muy precarias, sin ninguna prestación laboral. En muchos casos se trata de mujeres sin papeles, lo que las hace sumamente vulnerables al abuso. Esta no es una solución para el noventa y nueve por ciento. La única solución para el noventa y nueve por ciento es la provisión pública de servicios sociales, cuidado público de la infancia, servicios públicos de salud, soporte comunitario público, etcétera. Por lo tanto, la lucha contra las políticas de austeridad tiene que ponerse al centro del feminismo global para el noventa y nueve por ciento, puesto que los derechos laborales son prioritarios y por ello tenemos que volver a hablar acerca de todas las diferentes formas de trabajo en las que las mujeres están involucradas, el trabajo remunerado, el trabajo relativamente formal, el informal, el precario, las mujeres sin papeles, el trabajo del cuidado. La justicia ambiental es también un tema muy relevante. En muchos lugares del mundo las mujeres tienen la responsabilidad principal de proveer abrigo, agua limpia, cuidado de espacios verdes, de granjas y tierras. Todo esto está marcado por una suerte de dinámica neoliberal peligrosa, que busca extraer valor de todas partes, así que estos son los énfasis que te dan un retrato diferente de lo que una agenda global de mujeres sería para mujeres como Hillary Clinton, cuyas ideas son, ya sabe, “romper el techo de cristal” “subir la escalera”.

En relación con la institucionalización de la agenda de género, ¿qué piensa usted ahora que tenemos tantas instituciones para las mujeres, tales como ONU mujeres, organizaciones no gubernamentales de mujeres, mujeres en todas las instituciones? ¿Es un logro del movimiento feminista en los términos de lo que usted considera que hay que avanzar, es decir, en relación con lo que usted denomina revisiones sensibles al género de la democracia y la justicia? ¿Hay una crítica estructural al capitalismo androcentrista y un análisis sistémico de la dominación masculina o se trata solamente de una nueva burocracia tecnócrata, que muchas mujeres denominan “femócratas”? Desde su punto de vista, ¿eso contribuye al movimiento o más bien lo desacredita?

—Bueno, yo diría que en la medida en que este tipo de institucionalización está desarticulado de movimientos masivos de base, poderosos y radicales, entonces sí es algo problemático. Eso no quiere decir que estoy en contra de las mujeres involucradas en estas instituciones, porque muchas de ellas tienen muy buenas intenciones e incluso algunas ideas radicales sobre lo que he venido delineando pero, cuando estás en una institución, de alguna manera tienes que ajustarte a su cultura para lograr hacer algo, tienes que hablar su lenguaje, tienes que satisfacer a los financiadores si se trata de una ONG o a los poderes estatales si estás en un gobierno o en Naciones Unidas, así que el único modo en que esto puede ser útil es si se combina con un gran empuje desde abajo. Ahora tenemos este fenómeno, y sobre ello han escrito mujeres como Sonia Álvarez y otras, que se ha denominado la “onegenización” de las políticas feministas, lo que es un síntoma para desviarse de problemas estructurales en toda la organización de la vida política. Esto no es algo específico del feminismo, todos los movimientos sociales tienen este problema y no sustituye la movilización de las bases.
El feminismo entonces seguirá siendo una fuerza insurrecta y el tercer acto resurgente, como usted lo nombra en su obra Fortunas del feminismo, es entonces este movimiento del noventa y nueve por ciento y marchas como la que acabamos de ver en Estados Unidos en torno a la llegada de Donald Trump al poder. ¿Usted predijo que esto iba a pasar?

—¿Me pregunta si estamos ahí? Bueno, es difícil decirlo, y quien pretenda hacer predicciones sobre lo que va a pasar, ni siquiera mañana, sería absurdo, pero podría decir que estamos en un momento muy intenso y de tensión, mucho mayor que cuando escribí la introducción de Fortunas del feminismo. La crisis de todas las formas de organización social, llámese neoliberalismo, capitalismo financiero o como se denomine, implican una crisis innegable y es lo que sostiene todo el sistema. El capitalismo ha perdido toda legitimidad y por desgracia lo vemos, de manera especial, en el poder y fuerza que mantiene el ala derecha de algunos movimientos, particularmente en sus formas de populismo de derecha, este populismo reaccionario que hay por todas partes y del cual, evidentemente, el fenómeno Trump en Estados Unidos es la estrella de la película. Pero no pienso que este populismo de derecha que estamos observando esté en una posición que pueda asegurar alguna estabilidad, o alguna alternativa segura a lo que yo llamo el neoliberalismo progresivo previo. Por eso pienso que estamos en una suerte de situación de interregnum, es decir en una situación en la que las sociedades están profundamente desestabilizadas y ya hay mucha politización y radicalización –y habrá una radicalización mayor de la derecha, pero esperemos que también de la izquierda, incluyendo movimientos importantes de mujeres, pero aún no estamos listos para esta gran politización y radicalización masiva. Así que pienso que es una crisis real, no sólo a nivel estructural y objetivo, sino que las cosas se han vuelto disfuncionales. Se trata de una crisis donde las personas no se reconocen como tales y están emergiendo estructuras como las que nos habían aniquilado como personas en los últimos treinta años, y por eso considero que es al mismo tiempo un momento de peligro real, pero a la vez de alguna esperanza. Siento que puedo verlo ahora de una forma que no lo pude ver cuando escribía Fortunas del feminismo. Puedo ver ahora una apertura para un movimiento femenino genuino radical de la izquierda y es por ello que me he unido, junto con muchas personas, en este intento de construir un feminismo por el noventa y nueve por ciento. Creo que ahora el movimiento tiene piernas y que está atrayendo mucha atención.

Hablando sobre México y América Latina, usted estuvo en Argentina en 2014. Allí dijo que América Latina era la única región en el mundo que ha tenido un proyecto sostenido contra el neoliberalismo, tomando diferentes formas en diversos países. Sin embargo, casi todos los gobiernos de izquierda, como los de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, han sido acusados de severos casos de corrupción y han estado marcados por la tendencia de sus líderes de perpetuarse en el poder y atacar a los grupos de oposición. ¿Qué piensa de esto?

—De nuevo, esto muestra lo que sucede cuando haces algún señalamiento ocasional en un momento particular y en un contexto particular, no vale el papel gastado en el esfuerzo de escribirlo porque las cosas cambian muy rápidamente. Así que obviamente la situación general en América Latina ha ido hacia un serio y triste retroceso y es preocupante. La lección que yo tomo es que es que ciertamente se dieron procesos de desarrollo y muy prometedoras iniciativas en la llamada “marea rosa”, pero también estuvo presente el tema del clientelismo, incluida la corrupción. Sin embargo, fue un empuje importante por expandir la participación para los indígenas y para la gente de grupos urbanos empobrecidos. Lo que quiero decir es que fue un estallido real de energía democratizadora y un serio esfuerzo por parte de por lo menos algunos gobiernos, de replantear una política no liberal o antiliberal. Podemos decir que quizá Correa en Ecuador, en un cierto grado Fernández en Argentina, etcétera, ninguno de ellos fue perfecto, pero yo recojo una lección de todo ello. Al menos una pequeña lección es que muchos de los gobiernos de la “marea rosa” se sustentaron en los altos precios de los productos básicos y esos recursos fueron utilizados –porque dependemos mucho de ellos– y fue algo que resulta inusual y no una situación permanente. El boom de los precios de estos productos permitió obtener, durante un período, una tremenda acumulación de capital a través del mercado y muchos los aprovecharon para distintas formas de redistribución, que fueron desde luego igualitarias, pero no las utilizaron para diversificar y reestructurar sus economías, de tal manera que cuando los precios de los productos básicos cayeron, estos países no tenían ninguna forma de reestructuración para sortear esta situación. Esta es una lección limitada, pero una lección más amplia relacionada con ella es que, en un mundo tan globalizado e interconectado como el que vivimos, la transformación de la estructura social en una región no es posible. Las personas solían decir que el socialismo en un país no es posible; ahora podemos decir que la transformación de la estructura social en un continente no es posible. Simplemente observemos el tema de los precios de los productos básicos, se trata de una economía mundial, no de un país, incluso si este es un país poderoso como por ejemplo Brasil, un gran país que pudo controlar todos estos factores externos. Lo que esto me dice, como alguien de Estados Unidos que, como usted sabe, incluso a pesar de su pérdida de credibilidad moral sigue siendo el elefante del cuarto, el poder mayor, es que especialmente en Estados Unidos tenemos la responsabilidad de hacer un cambio en nuestro país, en nuestra propia casa, porque lo que pasa en nuestro país tiene enormes consecuencias y por ello sentamos parámetros de lo que pueden hacer personas en otras regiones.



[1] Nancy Fraser (Baltimore, 20 de mayo de 1947) es una filósofa política, intelectual pública y feminista estadounidense. Ha ejercido como profesora de ciencias políticas y sociales. En la actualidad es profesora de filosofía en The New School en Nueva York. Es ampliamente conocida por sus críticas y contribuciones teóricas en el ámbito de la filosofía política, especialmente es cuestiones de política de la identidad,
sobre el constructo de justicia social y la teoría feminista.

Entrevista con Cinzia Arruzza, Feminismo del 99%

Entrevista con  Cinzia Arruzza

La feminista italiana Cinzia Arruzza es profesora de la New School of Social Research de Nueva York y autora del libro Las sin parte: matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo. Apoyó la Huelga internacional de mujeres en Estados Unidos y acaba de terminar de escribir un Manifiesto para un feminismo del 99% junto con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya que será publicado en otoño. Le preguntamos sobre la relación entre capitalismo y patriarcado, género y clase, en la nueva ola del feminismo internacional.

-¿Cuál es el objetivo y la tesis principal del Manifiesto para un feminismo del 99%?

El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal que se había vuelto hegemónico en las últimas décadas, debido al bajo nivel de luchas y movilizaciones alrededor del mundo. Lo que entendemos como feminismo liberal es un feminismo centrado en las libertades y la igualdad formal, que busca la eliminación de la desigualdad de género, pero a través de medios que sólo son accesibles a las mujeres de élite. Pensamos, por ejemplo, en el tipo de feminismo encarnado por mujeres como Hillary Clinton. O, también, el tipo de feminismo que en Europa se está convirtiendo en aliado de los Estados para el apoyo a políticas islamófobas "en nombre de los derechos de las mujeres", como detalla Sara Farris en su reciente libro (In the Name of Women′s Rights: The Rise of Femonationalism).

Para ser clara, es un tipo de feminismo que persigue la igualdad de género en el interior de una clase específica, la privilegiada, dejando atrás a la gran mayoría de las mujeres. El feminismo del 99% es una alternativa al feminismo liberal, ya que es abiertamente anticapitalista y antirracista: no separa la igualdad formal y la emancipación de la necesidad de transformar la sociedad y las relaciones sociales en su totalidad, de la necesidad de superar la explotación del trabajo, el saqueo de la naturaleza, el racismo, la guerra y el imperialismo. Finalmente, se posiciona directamente como parte del transfeminismo, defiende los derechos y necesidades de las trabajadoras sexuales y busca alianzas sociales y políticas con todos los movimientos que luchan por un mundo mejor para el 99% 
-¿Cree que el nuevo movimiento de mujeres que se está
desarrollando en todo el mundo podría ser la avanzada de un retorno más general de la lucha de clases?

Esa es mi esperanza, y también mi apuesta. En primer lugar, esta nueva ola feminista es la única movilización transnacional existente que reúne a millones de mujeres y hombres de todo el mundo. En segundo lugar, en algunos países ya se hace difícil distinguir claramente la lucha de clases del movimiento feminista: pienso sobre todo en Argentina, por supuesto, pero también en España o Italia. Creo que quienes están sinceramente interesados en revivir la lucha de clases deberían dejar, de una vez por todas, las actitudes divisionistas y despectivas hacia esta nueva ola feminista; dejar de pensar que las movilizaciones feministas son una antítesis de la lucha de clases o, en el mejor de los casos, un complemento externo. Prefiero invitar a pensar en la nueva ola feminista como un proceso de radicalización y politización en el que la subjetividad de las trabajadoras –a menudo jóvenes, precarias, mal pagadas, no remuneradas, explotadas y acosadas sexualmente en el lugar de trabajo– está emergiendo como una subjetividad combativa y potencialmente anticapitalista.

- Parece que, en las luchas actuales y futuras de la clase obrera, las mujeres van a desempeñar un papel protagónico. ¿Ya lo están haciendo?

Hay un fenómeno interesante para tener en cuenta: estamos viendo un aumento significativo de huelgas y movilizaciones en los lugares de trabajo dentro del ámbito de la reproducción social. Pensemos en las huelgas de maestras en Estados Unidos (huelgas ilegales, que están cambiando significativamente la dinámica del movimiento obrero), la huelga de las trabajadoras de la sanidad en la India, o la de maestras en Brasil. Se trata de huelgas en las que las trabajadoras son mayoría y tienen un papel clave. Aunque no existe un vínculo explícito entre estas huelgas y la Huelga internacional de mujeres de los últimos años, creo que el movimiento feminista está desempeñando un papel en el empoderamiento de estas mujeres, demostrando que la rebelión es posible y necesaria.

-En las movilizaciones feministas (en España o Argentina) se escucha cada vez más: "Patriarcado y capital, alianza criminal". ¿Se reabre el debate sobre la relación entre la opresión de género y el capitalismo?

Bueno, creo que la razón es que estamos volviendo a pensar en fenómenos estructurales y en la complejidad de las relaciones sociales, mientras que en las últimas décadas la mayor parte del feminismo estaba inmerso en el llamado "giro lingüístico", centrándose especialmente en temas de lengua, cultura y relaciones interpersonales de poder. Desde este punto de vista, es una señal muy positiva que las jóvenes activistas y pensadoras feministas se interesen en comprender la conexión estructural entre la opresión de género y el capitalismo, en entender las causas profundas de nuestra situación actual.

-En varios artículos, polemiza con las tesis del "sistema dual", que definen al capitalismo y al patriarcado como sistemas autónomos. ¿Por qué considera incorrecta esa teoría y qué consecuencias prácticas tiene esto para el movimiento de mujeres?

Existen varias versiones de la teoría de los "sistemas duales", con diferentes consecuencias políticas. La más clásica, influenciada por el feminismo materialista francés, termina –de una manera u otra– conceptualizando la opresión racial y de género como sistemas de relaciones de explotación; por lo tanto, conceptualizan el sexo como clase. Estoy simplificando demasiado; la teoría ha tenido varios desarrollos en las últimas décadas, y ha llegado a conclusiones más matizadas en algunos autores. Sin embargo, mis objeciones son de dos tipos. Primero, si entendemos el sexo como clase, entonces también tenemos que interpretar la opresión sexual y de género como antagonismos de clase, lo que básicamente descarta las posibilidades de alianzas y luchas comunes (entre mujeres y hombres). Para decirlo simplemente: no haría una alianza con mi patrón. En segundo lugar, si sexo, raza y clase expresan tres sistemas autónomos que se entrecruzan o combinan, no queda claro en absoluto por qué lo hacen: ¿cuál es la razón? De hecho, la verdad es que en algunos casos las formas tradicionales de opresión de género entran literalmente en conflicto con los intereses capitalistas....

-En contraposición a las teorías “duales”, defiende la importancia del concepto de ‘reproducción social’ para una teoría feminista marxista…

La forma en que interpreto esta relación –junto con autores como Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya, Sue Ferguson, Sara Farris, David McNally y otros– se basa en la noción de reproducción social. En pocas palabras, se refiere a las actividades y el trabajo que implica la reproducción biológica, cotidiana y generacional, de la fuerza de trabajo. Pero seamos claros: reproducir la fuerza de trabajo significa reproducir las personas y la vida. Esto no se limita a la mera subsistencia o las necesidades de supervivencia, sino también a la satisfacción de necesidades más complejas y la reproducción de habilidades que contribuyen a convertir la fuerza de trabajo en esa mercancía especial que se puede vender en el mercado capitalista.

Estamos, por tanto, hablando de la socialización de los niños, de la educación, pero también de la sanidad y los servicios sociales. La mano de obra en este tipo de actividades está fuertemente feminizada en dos sentidos: la gran mayoría de las trabajadoras (asalariadas y no asalariadas) son mujeres, y sus condiciones laborales se encuentran entre las más explotadas.

-¿Y cómo se relacionan opresión y explotación con la esfera de la reproducción social?

La clave para entender qué tiene que ver la reproducción social con la opresión de género (y en parte la opresión de raza), es que la reproducción social –bajo el capitalismo– está necesariamente subordinada a la producción en función de ganancias.

La paradoja es que el capitalismo necesita que haya reproducción social y que sea relativamente funcional, pero no quiere pagar el costo por ello. Especialmente porque todas las actividades de la reproducción social tienen baja tecnología y mano de obra intensiva, lo que significa que son costosas. La forma en que los capitalistas (y los estados) logran mantener estos costos lo más bajos posible varía, pero podemos identificar algunos fenómenos comunes: el aumento del uso de mano de obra migrante mal remunerada y no organizada en sectores privatizados (por ejemplo, los migrantes que cuidan a dependientes o ancianos); los recortes en el gasto social y en los servicios sociales que obligan a las mujeres y a las personas feminizadas a realizar esta labor gratuitamente en el hogar; la mercantilización de los aspectos más rentables del trabajo reproductivo social –cadenas de restaurantes, lavanderías, etc.– empleando, una vez más, mano de obra migrante barata.

-Podemos concluir que la explotación de clase, las opresiones de género y raza, forman una totalidad compleja en el capitalismo…

Hay mucho más que decir sobre estos procesos, la teoría de la reproducción social no lo explica todo, pero nos proporciona las herramientas teóricas para ver cómo fenómenos aparentemente desconectados tienen lugar en un contexto de relaciones sociales de producción y reproducción, que aprisionan la vida de las personas, limitan enormemente las opciones disponibles y organizan y restringen la temporalidad de nuestras vidas.