jueves, 12 de enero de 2017

Estados Unidos La ascensión del trumpismo

Correspondencia de Prensa
12 de enero 2017
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Estados Unidos   
La ascensión del trumpismo
Barry Sheppard
A l´encontre, 7-1-2017
Traducción de Faustino Eguberri – Viento Sur
Una de las características de la reciente campaña electoral presidencial habrá sido la manifestación de las profundas divisiones en el seno de los dos partidos, demócrata y republicano. Esto se añadía al atasco en el Congreso, el pat, entre los dos partidos del capitalismo. Además de esto, el país está muy polarizado a propósito de la raza, la economía y muchas otras cuestiones.
Hay que subrayar igualmente que no hay un partido de masas de la clase trabajadora que habría podido convertirse en el campeón de una alternativa.
Donald Trump ha aparecido -luego ha sido elegido- como el hombre fuerte que va a coger los asuntos en sus manos y poner las cosas en su sitio. Aunque la forma en que va a hacerlo exactamente permanezca abierta sobre muchos puntos.
El trasfondo de esta desorientación en la política de la clase dominante, es la Gran Recesión de 2007-2008 con los rescates por el presupuesto federal de las instituciones financieras y de la industria del automóvil, mientras la masa de los trabajadores era golpeada por el paro, los desahucios, los recortes salariales, etc. En el lento restablecimiento económico durante los ocho años siguientes, las ganancias han subido pero no el nivel de vida de la clase obrera. El 95 % de los hogares no han visto subir sus rentas hasta alcanzar el nivel de 2007. La desigualdad en la distribución de la riqueza y de las rentas ha aumentado.
Estos ocho años corresponden a los años de la administración Obama. Durante estos ocho años, la administración Obama ha hecho poco para contrarrestar esta realidad. De hecho, cuando los republicanos han recuperado el control de la Cámara de Representantes en 2010, para girar duramente a la derecha, los demócratas se han visto superados por la derecha pero no demasiado. Y han dado su acuerdo a grandes recortes presupuestarios en los programas sociales.
Los aparatos demócrata y republicano prestan poca atención a la desesperación y la cólera creciente en toda la clase obrera, negros, blancos, latinos, asiáticos, y otros. Mucha gente de la llamada clase media teme ser echados hacia abajo, hacia la clase obrera, o ha caído ya allí. Los dos candidatos que han hecho campaña contra el establishment, Bernie Sanders entre los demócratas y Donald Trump entre los republicanos, han sintonizado con esta cólera.
De hecho, el demagogo Trump ha planteado pocas verdaderas propuestas para restablecer los empleos bien pagados. Ha acusado a otros países, particularmente México y China, países con muy bajos salarios en los que las empresas estadounidenses subcontratan los elementos de su producción de fuerte intensidad de mano de obra. Trump se ha jurado emplear las tarifas aduaneras para oponerse a ello. Ha combinado esta posición nacionalista con la estigmatización racista -utilizando la retórica del chivo expiatorio- de los negros, los latinos y las personas migrantes, haciéndoles culpables de la pérdida de empleos de los obreros blancos.
La campaña y los debates de las elecciones primarias del Partido Republicano han visto a Donald Trump atacar a sus opositores del aparato republicano haciendo un uso de insultos y expresiones denigrantes sin precedentes. Su argumento principal, que ha repetido sin cesar, era que un hombre fuerte debía encargarse del gobierno y cambiarlo todo. Y que él era ese hombre fuerte, por oposición a los “perdedores” que eran sus rivales. Que era el candidato de la “ley” y el “orden” y que si era elegido, emplearía su poder para hacer un gobierno nuevo de arriba abajo.
Al hacerlo, Trump se ha apoderado del Partido Republicano que le está ya completamente entregado. La mayor parte de los republicanos en el Congreso, dejando aparte algunas viejas glorias oficiales marginadas, son tan de derechas que Trump les va como anillo al dedo. Además, cualesquiera que sean las divergencias que puedan tener con él, están superadas por la conciencia que tienen de que triunfarán o caerán con él.
Entre los demócratas, las primarias se han reducido rápidamente a dos candidatos, Hillary Clinton y Bernie Sanders. Hillary Clinton era la opción del aparato del partido y como tal ha hecho campaña. Sanders, por su parte, ha hecho campaña como el opositor al 1% de los superricos y ha propuesto medidas para atenuar la suerte de las trabajadoras y trabajadores, presentándose a sí mismo como socialista demócrata. Sus propuestas comprendían una subida del salario mínimo a 15 dólares la hora, el reemplazo del Obamacare, basado en las compañías de seguros, por un seguro de enfermedad nacional para todos y todas, la gratuidad del acceso a los colegios y universidades públicas de los Estados, y otras propuestas de este tipo.
Ante la sorpresa del aparato demócrata, su campaña ha enganchado con los trabajadores y las trabajadoras, y entre los jóvenes en particular, incluyendo los jóvenes negros. En su mayor parte de gente de menos de 25 años, su formación política ha tenido lugar durante los años que han seguido a la Gran Recesión de 2007-2008. Bernie Sanders ha celebrado grandes y entusiastas mítines de masas que contrastaban con las modestas manifestaciones de la campaña de Hillary Clinton. El establishment se ha apiñado alrededor de Hillary Clinton para desacreditar a Bernie Sanders como han revelado los documentos publicados por WikiLeaks. Hillary Clinton ha sido también ayudada por la base tradicional de los demócratas entre las personas negras de más edad. Bernie Sanders ha perdido y luego ha hecho campaña en favor de Clinton. El talón de Aquiles de la campaña de Sanders -y lo que ha seguido- es que él apoyaba al Partido Demócrata, intentando reformarle y no construir un nuevo partido, social-demócrata, opuesto a la ciudadela de la clase dominante capitalista que es el Partido Demócrata.
Durante la campaña posterior a las convenciones de los dos partidos, tanto Hillary Clinton como Donald Trump recibían evaluaciones mayoritariamente negativas en los sondeos entre la población. Donald Trump ha hecho campaña como el candidato opuesto al establishment contra la Clinton del establishment. Finalmente, aunque Hillary Clinton haya logrado el voto popular [por alrededor de 2,5 millones de votos], es Trump quien ha obtenido la mayoría del Colegio electoral para emerger tras su victoria como el hombre fuerte que iba a transformar el gobierno a su imagen.
La base electoral de Trump se sitúa entre los elementos abiertamente racistas de las clases media y obrera blancas. Son ellas y ellos quienes se han reagrupado detrás de sus ataques racistas contra los mexicanos y la emigración latina; de su amenaza de “resolver” el problema del movimiento Black Lives Matter y de las comunidades negras en general con aún más ocupación y represión policiales; de sus proposiciones de prohibir a las personas musulmanas la entrada en el país e instituir una lista de vigilancia de las que vivan en el país, incluyendo a quienes tienen la ciudadanía; y de sus alusiones antisemitas.
Sus ataques contra las mujeres por su apariencia, luego su justificación por haberse jactado de sus agresiones sexuales, han sido también aplaudidas.
Todos los ataques de este tipo en sus mítines, que se volvían cada vez más masivos, han sido celebrados con ovaciones y consignas cantadas a coro, como lo han sido sus incitaciones a la violencia contra cualquier protestatario presente. Sus ataques contra Hillary Clinton eran aplaudidos a los gritos de “¡A la cárcel! ¡A la cárcel”.
Es importante subrayar que los racistas declarados son una minoría entre los blancos de todas las clases sociales, pero una minoría significativa; pero son una mayoría entre los blancos de la antigua Confederación de los Estados esclavistas del Sur. Esto está enraizado en toda la historia de los Estados Unidos desde la época de la esclavitud hasta el actual racismo estructural e institucionalizado sobre el que Black Lives Mater  ha dirigido su foco.
Desde los años 1970, los republicanos han sido vistos en su conjunto como el partido de los blancos.
No todos, ni siquiera la mayor parte de quienes han votado por Trump son racistas declarados. Muchos esperan ingenuamente que Trump obligue al sistema a traer buenos empleos. Pero han estado dispuestos a dejar de lado el racismo declarado de Trump, su misoginia, y sus brutales intimidaciones, para votar por él. Como blancos y blancas, temían también, aunque fuera de forma inconsciente, ser rebajados hasta el nivel de los pueblos de color.
Trump puede contar no solo con el control por los republicanos de las dos cámaras del Congreso, sino también de los dos tercios de los Parlamentos de los Estados. Éstos aplican ya algunas de sus propuestas, y se dedican a atacar a los sindicatos, los derechos de voto, los derechos de las mujeres, etc. Serán enardecidos por la elección de Trump.
Trump hereda igualmente muchos aspectos del Estado fuerte de las administraciones pasadas, tanto demócratas como republicanas. El espionaje electrónico tentacular por la NSA (National Security Agency) de todos los americanos y de una gran parte del mundo está ya en sus manos, como lo están la CIA, el FBI y todas las agencias similares como la NCIS (el Servicio de Investigación Criminal de la Marina), célebre por la célebre serie de TV del mismo nombre. Desde hace más de medio siglo, la guerra ha sido la prerrogativa de los presidentes. Va a ser el comandante en jefe de la más formidable máquina militar que jamás haya visto el mundo.
¿A qué se va a parecer un régimen Trump?
Sus decisiones a la hora de conformar su gobierno y otros puestos dan una idea. Pero lo que es igualmente importante es la forma en que esas decisiones han sido tomadas. Desde su lujoso apartamento en la Trump Power, en la ciudad de Nueva York, ha recibido durante todas estas semanas a un gran número de personas para entrevistas privadas, ostensiblemente para examinar un amplio abanico de candidatos y de opiniones. Se ha convertido en un circo mediático cotidiano de especulación sobre sus intenciones. Ha recibido incluso a personajes del establishment republicano como Mitt Romney que se había negado a hacer campaña a su favor. Aunque haya calificado el cambio climático como una inocentada china, ha recibido al demócrata Al Gore, que se ha posicionado desde hace años como portavoz de la necesidad de frenar el calentamiento climático.
Son numerosos quienes en los medios privados han caído en la trampa de todo esto para pensar que Trump estaba quizás cambiando. Pero la realidad es que quienes han venido a hablar con Trump se inclinaban ante él como si estuvieran suplicando a los pies de un rey o de un papa, capitulando ante él de manera abyecta. El resultado fue realzarle más aún como el autócrata en el puesto de mando, que tendría en sus manos su destino. Debemos tener presente que este desfile hacia aparecer a los elegidos como gentes gratificadas por su voluntad y enteramente devotas a él.
Dicho esto, es revelador considerar las personas elegidas. Muchos han subrayado que el gabinete gubernamental que ha reunido está en gran medida compuesto de multimillonarios que en su conjunto totalizan más de 9,5 mil millones de dólares de fortuna. Puestos clave van a ser ocupados por generales, banqueros, señores de los combustibles fósiles, por personajes autoritarios y racistas.
Una decisión había sido tomada antes de las elecciones, el del nuevo vicepresidente, Mike Pence. Viene de los ultraevangelistas cristianos blancos que por primera vez tienen a uno de sus líderes en la Casa Blanca, aunque cada noche vuelva a dormir a otra residencia. Como miembro del Congreso, se ha opuesto a la financiación federal de los tratamientos anti-VIH si el gobierno no financiaba igualmente programas contra la homosexualidad. Se ha opuesto a la autorización, otorgada ya, a los gays para entrar en las fuerzas armadas. Declara que “me alegraré el día en que Roe vs Wade (el juicio del Tribunal Supremo que legalizó el aborto) sea echado al basurero de la historia”. Como gobernador de Indiana, ha firmado una de las leyes antiaborto más restrictivas de los Estados Unidos. Está igualmente en contra de las personas migrantes, apoya las escuelas cristianas contra las escuelas públicas, niega el cambio climático, y todo en este estilo.
Veamos algunas cortas descripciones a propósito de los otros elegidos por Trump y se podría decir aún mucho más.
El Fiscal General elegido por Trump, Jeff Sessions, un racista de Alabama, estará encargado de poner en pie la “ley y el orden” de Trump en el interior del país. Como Trump, apoya a la policía contra el movimiento Back Lives Matter, apoya la Guerra contra las drogas y la encarcelación en masa, y será duro con las personas inmigrantes. Podría emplear su función contra los disidentes.
Steve Bannon será el principal consejero de Trump. Es conocido como el antiguo propietario de Breitbart News del que él mismo ha declarado que era la voz de la extrema derecha “all-right”, un eufemismo para designar a los supremacistas blancos. Pero lo que es menos conocido es un alegato a favor de una presidencia autoritaria.
El Consejero para la Seguridad Nacional será el teniente general jubilado Michael Flynn. Ataca al islam como religión, declara que “temer a los musulmanes” es “racional”, afirma que Irán es la mayor amenaza para los Estados Unidos, y que la charia no deja de progresar en los Estados Unidos, etc.
El Secretario de Defensa de Trump está previsto que sea el general jubilado, llamado “Perro loco”, James Mattis, que fue comandante central en las guerras de los Estados Unidos contra Afganistán e Irak que destruyeron los dos países. Ha bromeado diciendo que era “divertido” (fun) matar afganos que se resistían a la invasión de los Estados Unidos.
Para dirigir los departamentos del tesoro y del comercio, Trump ha elegido a Steven Mnuchin y a Wilbur Ross, dos multimillonarios a la cabeza de fondos especulativos (hedge funds) que se han beneficiado de los desahucios durante la Gran Recesión.
Como Secretario de Estado, Trump propone al director de Exxon, Rex Tillerson, un negador del cambio climático (por usar un eufemismo) cuyo saber hacer internacional está limitado a las amplias propiedades de Exxon por todo el mundo, que aprovechará para favorecer gracias a su nueva función.
Hay una serie de nombramientos para dirigir agencias que esos personajes intentan debilitar o destruir. Comprenden:
Ryan Zinke como Secretario de Interior, responsable de gestionar las tierras y las aguas federales de todo el país. Es un antiguo comandante de los submarinistas de combate de la marina y, como congresista de Montana, ha propuesto eliminar las protecciones legales y reglamentarias que tienen relación con las tierras y aguas públicas.
Rick Perry, como Secretario de Energía. Ha propuesto abolir este departamento así como la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA). Es un antiguo gobernador de Texas estrechamente ligado a los gigantes de los combustibles fósiles. Y un negador del cambio climático.
Como Secretario de Trabajo, Andrew Puzder, que está a la cabeza de una gran cadena de comida rápida. Está opuesto a los sindicatos, contra un salario mínimo y contra las regulaciones de la industria. Es conocido por sus ataques contra el Departamento de Trabajo cuya dirección va a tomar, departamento al que ha acusado siempre de ser favorable a los trabajadores.
Scott Pruit para la Agencia de Protección Medioambiental /EPA, un cercano a los reaccionarios de los combustibles fósiles. Rechaza la ciencia oficial del cambio climático y ha construido su carrera combatiendo las regulaciones de protección del medio ambiente. Trump ha declarado que el EPA ha “gastado durante mucho tiempo los dólares del contribuyente para un programa antienergía fuera de todo control que ha destruido millones de empleos” y que Scott Pruit “va a invertir esta tendencia”.
Ben Carson para el Departamento de Vivienda. Este millonario es un neurocirujano que no sabe nada de vivienda. Está opuesto a los programas de ayuda a los propietarios de su vivienda, en particular a los de bajas rentas. En general, piensa que los problemas que tienen las personas de bajas rentas son por su culpa.
Betsy DeVos como Secretaria de Educación. Está opuesta a las escuelas públicas y sostiene los programas de privatización, apoya las escuelas cristianas y ha impulsado este programa en Michigan. Viene también de una familia de multimillonarios y su hermano Erik Prince fue uno de los fundadores del ejército de mercenarios Blackwater USA muy conocido y contratado por el ejército estadounidense para hacer el trabajo sucio y los asesinatos en Irak.
Tom Rice, miembro de la Cámara de Representantes por Georgia, para dirigir el Departamento de Salud y de servicios a la persona. Ha llevado a cabo una cruzada contra el Obamacare declarando que era la medicina socializada. Va a ayudar a retirarlo para reemplazarlo por algo aún peor.
Estos son algunas de las personas de las que Trump se ha rodeado. Lo que va a plantear, son las posiciones de éstas. Hasta dónde podrá ir con este programa dependerá de la oposición que suscite.
Lo que Trump va a hacer con certeza
En primer lugar, será el candidato de “la ley y el orden”. Aumentará los poderes de la policía para mantener una losa sobre las comunidades negra y latina. No habrá ya supervisión federal (ya muy escasa) de la violencia policial en las comunidades. No habrá marcha atrás en la Guerra contra las drogas, o las encarcelaciones masivas, sino su aumento. Las acciones de empresas privadas de cárceles han subido en la Bolsa como consecuencia de la elección de Trump. Habrá aún más militarización de la policía.
Va a aumentar el control, ya imponente, de la frontera con México, pero no la de Canadá. Las deportaciones masivas realizadas por el gran deportador, Obama, van a aumentar con fuerza.
Los gastos militares van a aumentar significativamente. El arsenal estadounidense de armas nucleares, ya en vías de “modernización” por Obama, al precio de alrededor de un billón de dólares, va a aumentar.
Bajo una forma u otra, va a impedir a la mayor parte de las personas de religión musulmana inmigrar a los Estados Unidos, incluyendo a los millones de personas refugiadas desesperadas de las guerras de Washington contra los países árabes.
Son seguras grandes bajadas de impuestos para los ricos. Las reglamentaciones que afectan a las sociedades financieras serán reducidas. Las que afectan a las grandes compañías del petróleo, carbón, y del gas natural, incluyendo el fracking (fractura hidráulica) serán abolidas o quedarán sin repercusión práctica (ese es el real contenido de la negación por Trump del cambio climático), igual que las reglamentaciones de otras industrias, incluyendo los bancos y demás intereses financieros. Celebrándolo por adelantado, la Bolsa se ha disparado tras la elección de Trump.
Trump y el Congreso republicano van a legislar para derogar el Obamacare, pero lo que vayan a poner en su lugar no está claro. Tanto el propio Trump como los políticos republicanos temen una respuesta si demasiada gente pierde algo de su seguro de enfermedad o ve subir rápidamente los costes de su salud.
Trump va a designar un candidato para ocupar el puesto vacante en el Tribunal Supremo que dará su voto para derogar la sentencia Roe versus Wade, que había legalizado el aborto. Este nuevo juez servirá igualmente para apoyar a Trump si éste encuentra problemas legales, lo que es probable. Los Estados serán animados a dictar más restricciones al derecho al aborto.
Lo que va a hacer probablemente
Además de aumentar los gastos militares, Trump proyecta grandes trabajos de infraestructura. Esta perspectiva ha sido también un factor de la subida de la Bolsa. Pero ofrece propuestas contradictorias para el financiamiento posible de esos grandes trabajos y el Congreso republicano ha sido siempre reticente a votar gastos para este tipo de proyectos.
La Agencia para la Protección del Medio Ambiente, además de apoyar las proposiciones de Trump para la Big Energie evocadas más arriba, va a recortar otras reglamentaciones medioambientales y dejar probablemente que la Agencia misma deje de ser pertinente. Las protecciones al medio ambiente en el trabajo que protegen a los trabajadores van probablemente a sufrir también.
Probablemente, Trump va a aumentar los derechos de aduana que gravan las importaciones, particularmente las que vienen de China. Los negocios con Rusia van probablemente a mejorar. Pero Trump va a seguir un programa general proteccionista y nacionalista en economía.
A lo largo de toda su campaña, Trump ha atacado constantemente a los grandes medios privados, calificándolos de “basura mugrienta” (scum), o incluso peor. Va a continuar haciéndolo, pues intenta así domesticarlos, un esfuerzo que va a producir frutos, y que ha tenido ya un cierto éxito. Celebrará pocas conferencias de prensa y continuará empleando tweets y otros métodos para pasar por encima de la cabeza de los periodistas. Quiere modificar las leyes sobre la difamación y la calumnia para hacer más fácil llevar ante los tribunales a las personas y la prensa que “calumnien” a las figuras públicas como él mismo, algo que es difícil de hacer en el estado actual de la legislación.
Va a atacar los derechos democráticos en general, lo que está ya en marcha en los Estados gobernados por los republicanos. Cómo va a desarrollarse esto es algo que queda por ver, pero podemos esperarnos más restricciones del derecho de reunión y de manifestación, y más violencia policial con ese motivo.
Sobre la política exterior, queda mucho por ver. El designado para ser Secretario de Estado, Rex Tillerson, es un amigo del muy conservador y muy autoritario presidente ruso Vladimir Putin. La promesa de campaña de Trump de devaluar y de rebajar (downgrade) a la OTAN puede ser olvidada, o quizás no.
Las promesas de Trump de llevar una guerra comercial contra China han recibido un impulso al nombrar a Peter Navarro como su gurú del comercio en la Casa Blanca. Navarro es conocido por sus opiniones extremas contra el comercio con China, que implican “romper el libro de reglas” a propósito de la “relación económica bilateral más importante del mundo” según el Financial Times. Esto puede desembocar en una fisura más profunda entre China y los Estados Unidos en todos los terrenos.
Sabemos que la designación de David Friedman como embajador en Israel quita la hoja de parra de Washington de la “solución de dos Estados”. Friedman tiene lazos estrechos con los colonos israelíes de Cisjordania, está opuesto a todo Estado palestino, ni siquiera un Estado desprovisto de fuerzas armadas cuyas fronteras y política exterior estén controladas por Israel -es decir, la propuesta de un “Estado” palestino que hace Washington. Friedman está a favor de la anexión de Cisjordania. Trump declara que va a desplazar la embajada de los Estados Unidos en Israel de Tel-Aviv a Jerusalén, ratificando así la pretensión de Israel a la totalidad de la ciudad.
Nada de extraño por tanto en que Netanyahu se alegre de “trabajar con” Trump y que haya proseguido a toda marcha la implantación de nuevas colonias.
¿Cuál será la naturaleza del nuevo régimen de Trump?
Algunos en la izquierda liberal, y algunos socialistas también, han subrayado el racismo de Trump, su misoginia, su autoritarismo, sus pretensiones demagógicas de apoyar a los trabajadores, sus posiciones antidemocráticas, para pretender que es un fascista.
Es completamente falso. El fascismo es un movimiento de masas, organizado, e incluso armado, dispuesto a combatir al movimiento obrero (partidos y sindicatos) en la calle antes de tomar el poder y de aplastarle mediante una violencia masiva tras haber tomado el poder, y a instituir un Estado totalitario para hacerlo. La clase dominante capitalista no recurre a esta solución extrema mientras su dominación no haya sido amenazada por los trabajadores. No existe una amenaza así en los Estados Unidos, hoy por lo menos.
El fascismo es un asunto serio y emplear este término sin reflexionar implica tomarlo a la ligera. Trotsky, cuando ponía en guardia al movimiento obrero alemán contra el peligro del fascismo en ascenso, decía que el fascismo alemán, basado en una economía más desarrollada, haría parecer al fascismo italiano una comida campestre. Un fascismo en los Estados Unidos haría parecer, en comparación, al hitlerismo como una versión un grado por debajo.
Es cierto que grupos nacionalistas blancos, que tienen una mentalidad fascista, se han sumado a la campaña de Trump. Presumen abiertamente de que éste ha hecho su mensaje más aceptable (mainstream) y que han podido crecer gracias a ello. Pero siguen siendo pequeños, siguen fragmentados. Y son incapaces de unirse detrás de un líder. La nominación de Bannon es significativa sobre todo porque va a ser el principal consejero de Trump, pero es también un hueso a roer lanzado a la extrema derecha “alt-right”.
Entonces, ¿cómo caracterizar el fenómeno Trump? Aquí es útil recordar el análisis que hizo Marx del régimen de Luis Bonaparte, elegido presidente de la República francesa en diciembre de 1848 ante la sorpresa general, y que tomó el poder en 1851 en Francia mediante un golpe de Estado militar en un acto que bajó el telón de la revolución de 1848 y estableció un gobierno autoritario del “Emperador Napoleón III” que duró veinte años. Marx citaba a Víctor Hugo que llamaba a Luis Bonaparte Napoleón el pequeño. Efectivamente, en comparación con su famoso tío, Luis era una mediocridad, como Trump. Marx le llamaba una “insípida nulidad”.
Pero entonces, ¿cómo tomó el poder? Fue en el contexto de la incapacidad de los partidos burgueses en disputa para llegar a un acuerdo suficiente entre ellos y entre sus diversas fracciones internas con el fin de lograr gobernar efectivamente. Además, el movimiento obrero estaba de retirada, tras haber sufrido una importante derrota.
Se había creado un vacío de poder y Luis Bonaparte lo ocupó, prometiendo ser el hombre fuerte que tomaría las cosas en sus manos y las pondría en orden.
Luis Bonaparte prometió un programa masivo de trabajos públicos para desarrollar la industria, como Trump. Era personalmente un corrupto, como Trump, y está fuera de duda que Trump va a aumentar su bolsa y la de sus hijos, también la de sus amiguetes capitalistas, igual que hizo Luis Bonaparte. Luis Bonaparte tenía el apoyo de la policía -casi todas las asociaciones policiales (abusivamente llamadas sindicatos) en los Estados Unidos han hecho campaña por Trump. También una gran parte de la casta de los oficiales de las fuerzas armadas.
Luis Bonaparte tenía lazos estrechos con el hampa. Trump y su padre eran tiburones del sector inmobiliario en Nueva York, con lazos estrechos con el crimen organizado, lo que por otra parte era una necesidad para los promotores inmobiliarios en esa ciudad.
Ninguna analogía histórica es perfecta y los Estados Unidos en 2016-2017 no son la Francia de 1851. Pero hay parecidos manifiestos con la subida del mediocre Trump. No ha tomado aún todo el poder en sus manos, con una fachada de democracia burguesa, como había hecho Luis Bonaparte y es posible que no lo haga nunca. En el momento actual parece más bien el astuto maniobrero que era Luis Bonaparte antes de su golpe de Estado. Caracterizaría a Donald Trump hoy como un “me gustaría” ser Luis Bonaparte.
Pero bajo un aspecto la situación en los Estados Unidos es muy diferente a la de la Francia de 1851, lo que hace de una presidencia autoritaria de Trump -es lo que vamos a tener- algo bastante más peligroso que el régimen dictatorial de Luis Bonaparte. Es sencillamente la potencia de los Estados Unidos en el mundo de hoy y el poder, económico, policial y político de la clase capitalista de los Estados Unidos comparado a aquellos años lejanos en Francia. El peligro será aún peor si Trump consolida alrededor de su persona una dominación que se parezca al bonapartismo.
¿Qué puede impedirle realizar esa ambición? Luis Bonaparte pudo cabalgar una ola de boom económico por todo un período tras el descubrimiento de grandes yacimientos mineros de oro en California y en Australia. Comenzó a perder apoyos cuando este período de prosperidad decaía. Y fue derrocado cuando Alemania derrotó a sus ejércitos en la guerra franco-prusiana de 1870, que condujo a la Comuna de París (1871).
Parece hoy que Trump va a heredar una economía que conoce un modesto crecimiento. En cualquier caso, va a gozar de un período de “luna de miel” que le concederá el beneficio de la duda que de que pueda mejorar verdaderamente la vida de los trabajadores y las trabajadoras. Pero dada la experiencia de la Gran Recesión de 2007-2008, los ocho últimos años, y la situación de la economía mundial hoy, es probable que vaya a haber otra crisis económica durante la administración Trump. En consecuencia, las y los trabajadores que han votado por él podrán sentirse traicionados, lo que minará el apoyo del que puede disponer.
¿Pueden sectores de la clase dominante, exasperados por sus políticas temerarias volverse contra él en un cierto momento?
La clase obrera organizada es débil, en tamaño, en fuerza y carece de dirección, pero se puede esperar que no va a confiar en los demócratas sino en su propia fuerza para enfrentarse a Trump y a los continuos ataques de los republicanos contra los sindicatos. No será fácil para Trump poner en práctica los ataques que proyecta contra dos poblaciones grandes y principalmente proletarias, la afroamericana y la latina, que probablemente van a defenderse. Las mujeres, los amerindios, los ecologistas, la gente defensora de las libertades civiles y otros, van a resistir. Son esas fuerzas con las que debemos contar.

martes, 3 de enero de 2017

Una respuesta a un marxista-morenista o morenista-marxista


Una respuesta a un marxista-morenista o morenista-marxista 
(Primera de dos partes)

Manuel Aguilar Mora

continuación publico la polémica que el 2-3 de enero de 2017 suscitó en el Facebook mi 

texto sobre “Peña Nieto echa gasolina al fuego” con un partidario de AMLO y dirigente de 

Morena, Alberto Pérez Schoelly. La misma comenzó cuando Alberto, quien es un viejo 

conocido mío de los años setenta cuando ambos militábamos en el PRT, se refirió a un 

comentario positivo del artículo hecho por un estudiante de la UACM, Ali Guerrero.

Alberto Pérez Schoelly El que ya resulta anacrónico es desgraciadamente Manuel, que a estas alturas dice que AMLO es un obstáculo para la lucha "anticapitalista" de los trabajadores. Vive en la luna.

Rocío Vivanco Hay una notable diferencia entre tu texto y el de Manuel, él argumenta, argumenta y argumenta. Tu afirmas sin sustento, insultas y haces pataleta. Eso lo he notado en todos los seguidores de AMLO. Reconozco que por lo menos tu no eres un lépero, pero con frecuencia los textos de los morenos son verdaderos "rosarios" de mentadas
majaderías ¿por qué será que eso caracteriza a los fans de AMLO? ?

Alberto Pérez Schoelly Rocío Vivanco Nunca agredo a quien argumenta sus diferencias políticas. Menos aún tengo por qué agredir a Manuel, que es un camarada a quien conozco personalmente, lo estimo y admiro su trayectoria como organizador del trotskismo moderno en México. Disiento de sus posiciones no sólo como morenista, sino como marxista. Si bien su diagnóstico de la situación actual es correcto, extrae conclusiones equivocadas y sectarias. Ya en otras ocasiones se lo he señalado. En este artículo en especial incurre el buen Manuel en imprecisiones garrafales en cuanto se refiere a Morena. El decir que en nuestro pasado Congreso Extraordinario se designó a AMLO como nuestro candidato presidencial, es una burda mentira, para decir lo menos.

Mi respuesta

Hola Tocayo: ¿"Burda mentira" que AMLO fue designado candidato de Morena en el pasado congreso? Bien, estoy dispuesto aceptar que tal vez me he equivocado y que la declaración de AMLO como candidato no se hizo en dicho Congreso...¡porque ya él mismo lo ha declarado muchas veces, lo saben las encuestas y millones de mexicanos y mexicanas y en el mundo entero también se comenta como un hecho! Entonces el dicho congreso sólo sirvió para avalarlo, apuntalarlo como tal, ¿o no? Ahora bien, si de un "diagnóstico marxista de la situación actual correcto" según tu mismo dices, sin embargo extraigo "conclusiones equivocadas", yo te pregunto entonces, como el marxista que dices ser, acaso es erróneo considerar a AMLO un dirigente burgués inserto en el sistema político imperante, al cual quiere reformar de acuerdo a sus leyes e instituciones, considerar que su actuación política es la de un caudillo que decide las cuestiones importantes de su organización de acuerdo a sus posiciones individuales, que aparte de señalar la corrupción rampante del gobierno ni de lejos señala la fuente principal de la misma que es el propio sistema capitalista cuyos grandes jefes son los que dictan hoy la política económica del mismo, comprando, educando, gratificando y corrompiendo a todo el sistema político,

Y hay más Tocayo Pelón: no es acaso marxista considerar que la relación de supeditación del gobierno de México, en prácticamente todos los rubros al imperialismo norteño es una de las causas fundamentales de la crisis económica y social que atravesamos como se está viendo hoy con claridad con el gasolinazo y cuando entre los propios neoliberales ya no saben qué decir o hacer con el cuestionamiento de Trump al TLC; no es marxista considerar que la clase burguesa dominante, en especial sus cumbres políticas, hoy son una socios menores del capitalismo del país norteño, incapaces de encabezar la independencia nacional del pueblo de México sin la cual no podrá superarse la crisis actual; no es marxista considerar que la mayoría abrumadora de los trabajadores desde la revolución han estado supeditados a partidos y direcciones ideológicas burguesas como el PRI, el PAN, el PRD (del que fue jefe y candidato presidencial dos veces AMLO); no es marxista considerar que sólo actuando y accediendo a una toma de consciencia anticapitalista y socialista como trabajadores, éstos podrán asumir las gigantescas tareas de la "renovación nacional" que sólo ellos tienen la potencialidad histórica de poner en práctica; no es marxista considerar que la crisis nacional a la que han llevado los grupos capitalistas al país sólo se superará destruyendo el actual sistema y forjando uno nuevo, anticapitalista, verdaderamente socialista.

Y hay más Tocayo Pelón: no es marxista considerar que la relación de supeditación del gobierno de México, en prácticamente todos los rubros al imperialismo norteño es una de las causas fundamentales de la crisis económica y social que atravesamos como se está viendo hoy con claridad con el gasolinazo y cuando entre los propios neoliberales ya no saben qué decir o hacer con el cuestionamiento de Trump al TLC; no es marxista considerar que la clase burguesa dominante, en especial sus cumbres políticas, hoy son una socios menores del capitalismo del país norteño, incapaces de encabezar la independencia nacional del pueblo de México sin la cual no podrá superarse la crisis actual; no es marxista considerar que la mayoría abrumadora de los trabajadores desde la revolución han estado supeditados a partidos y direcciones ideológicas burguesas como el PRI, el PAN, el PRD (del que fue jefe y candidato presidencial dos veces AMLO); no es marxista considerar que sólo actuando y accediendo a una toma de consciencia anticapitalista y socialista como trabajadores, éstos podrán asumir las gigantescas tareas de la "renovación nacional" que sólo ellos tienen la potencialidad histórica de poner en práctica; no es marxista considerar que la crisis nacional a la que han llevado los grupos capitalistas al país sólo se superará destruyendo el actual sistema y forjando uno nuevo, anticapitalista, verdaderamente socialista.

Y, last but not least, Tocayo, acaso no es una "conclusión extraída del marxismo" criticar el crudo electoralismo de AMLO y Morena que ha subordinado y sigue haciéndolo, TODO a los resultados electorales. Lo hizo en 2006, lo volvió hacer en 2012, lo está haciendo hoy y al parecer, si no es electo en 2018, ya prepara a sus hijos para el 2024. El electoralismo es una faceta típica de la ideología burguesa. Y finalmente, acaso no es marxista tomar en cuenta las experiencias internacionales, muchas de las cuales son de una gran vigencia para nosotros. No hay que ir muy lejos ni histórica, ni geográficamente. En Latinoamérica tenemos lecciones hoy mismo fundamentales que deberíamos considerar sin duda alguna. El PT de Lula, con raíces y estructura proletarias indudables ganó las elecciones presidenciales en Brasil y fueron presidentes dos de sus líderes el propio Lula y Dilma Rousseff. Hoy vemos la tragedia del pueblo brasileño entregado, confundido y apabullado por un impeachment a Dilma que la defenestró por un complot armado por uno de los dirigentes de un partido aliado al PT, que era además su vicepresidente, el nefasto Temer. ¿Cuál lección hay que sacar de esta terrible derrota del pueblo brasileño? Incluso si un partido de los trabajadores, como el PT se ostenta, gana las elecciones presidenciales, pero debe cohabitar con grupos burgueses en el gobierno y sus reformas no atacan la esencia del sistema capitalista, los grandes y poderosos jefes de las finanzas y de los medios de la comunicación tienen todos los recursos para echar abajo un gobierno que ya no les favorece a sus intereses. Pero la experiencia de Venezuela es aún más importante: incluso una revolución en marcha, como fue el proceso encabezado por Chávez hace diez años, si no avanza hacia los objetivos anticapitalistas y se queda a medio camino, deja el espacio y el tiempo para la recomposición de la burguesía y del imperialismo los cuales en su contraofensiva aquilatamos ante la trágica situación del pueblo venezolano la posibilidad de que se restaure un poderío burgués aun más opresivo que el derrumbado por el proceso bolivariano. Para nosotros todos estos ejemplos nos convencen y lo queremos poner en práctica, que debemos contribuir a la forja de una organización independiente, democrática, anticapitalista y por supuesto socialista. Convocamos a la multitud de grupos revolucionarios clasistas y proletarios que existen y que están surgiendo de modo silvestre en todo el país a que nos unamos. En una sola organización, en una coalición o del modo que se estime más conveniente y que apuntemos estratégicamente al objetivo revolucionario estratégico del cambio de sistema hacia un México socialista. Esto significa que para nosotros el 2018 es importante, pero de ninguna forma vemos a esta fecha como la llamada final del destino de México, ciertamente serán decisivos los resultados de ese año, pero lo crucial es que los trabajadores y sus aliados asuman el protagonismo central que les corresponde en la lucha de clases. Para realizar lo anterior Morena no es el espacio y de hecho aunque tu no lo aceptes, representa un obstáculo en la cabal toma de consciencia de los trabajadores ¿Que podemos decir entonces de tus diagnósticos marxistas que te llevan a conclusiones morenistas? Tu marxismo morenista o tu morenismo marxista, como quieras definirlo, es un oximoron. Es o una transición del marxismo a una vertiente de la ideología burguesa o es una experiencia que ayudara a reafirmar la esencia socialista, proletaria e internacionalista del marxismo. Yo sinceramente espero que sea la segunda alternativa por lo que ha sido nuestra vieja amistad.

Peña Nieto echa gasolina al fuego

Correspondencia de Prensa
2 de enero 2017
Boletín Informativo
redacción y suscripciones


México
Peña Nieto echa gasolina al fuego
Manuel Aguilar Mora *
Ciudad de México, 1° de enero de 2017
Un gasolinazo que elevará el precio del combustible entre 16 y 20 por ciento a partir de hoy 1° de enero es el regalo de año nuevo que el gobierno de Peña Nieto ofrece a la población de su país. Ante el clima de malestar social creciente y la constante acumulación de problemas que apuntan hacia una crisis política de envergadura en este año y ante todo en 2018, año de las elecciones presidenciales, es lógico que, ante tal provocación a una situación así, la figura del papel del incendiario se le comience adjudicar al presidente. Cómo puede ser posible que exista tanta falta de sensibilidad en las cumbres del poder. La contestación se puede resumir en una frase: el gobierno de Peña actúa con la certeza de que sus acciones prevalecerán sin gran oposición.

Precarísima situación económica

La base que sustenta tal confianza está en el control político institucional que mantienen el gobierno y en cierta forma también su partido, pese a los enormes retos (Tlataya, Iguala-Ayotzinapa, derrotas electorales, desprestigio creciente ante los múltiples casos de corrupción empezando por el propio presidente, gobernadores, diputados, etc.) que han enfrentado durante los pasados cuatro años del sexenio de la restauración priista. No otra puede ser la respuesta a tamaña provocación que significa la descarada maniobra de un gobierno que ha llevado a las finanzas públicas a un límite de sustentabilidad haciendo crecer como nunca antes la deuda pública del 35% del PIB en 2012 a más del 50% en la actualidad, recursos de crédito que se han dilapidado en un gasto público ineficiente y escandaloso. Los propios analistas consultados a fin de año por el Banco de México (Banxico) señalan en sus estadísticas el estancamiento persistente de la economía a pesar de ese enorme flujo de créditos públicos e importantes inversiones: en 2016 el crecimiento será cuando mucho del 1.72% contra el 2.26% que estos mismos expertos vaticinaban en octubre pasado, para no hablar de la diferencia abismal respecto a las cifras proyectadas por el gobierno en 2013 de un crecimiento económico, ya con las sobadísimas “reformas estructurales” en marcha, de 4.0% en 2016 y 5.2% en 2017.

El “combate a la inflación”, el mantra de los tecnócratas del gobierno, se ha derrumbado durante los años de Peña Nieto. De 15 pesos por dólar en 2012 el tipo de cambio superó el 31 diciembre los 20 pesos, llegando a los 21 pesos por dólar un día después para saludar al nuevo año y fue en 2016 cuando la caída del peso fue más drástica: 20%. De nuevo es el mismo Banxico que señala que los riesgos para cumplir las metas de una inflación controlada y moderada para 2017 son muchos mencionando que un súbito aumento de la gasolina será la causa de más aumentos en los productos agropecuarios y una persistente caída del tipo de cambio, lo que hará imposible que se mantenga el optimista índice inflacionario del 3.0% que oficialmente se pretendía para el año que inicia. (“México, a la orilla del precipicio”, en Proceso, 04.12.2016).

¿Por qué Peña Nieto decidió hacer esta apuesta arriesgada de elevar el precio de la gasolina y el diesel? El monopolio estatal del petróleo ha sido tradicionalmente la fuente fundamental de ingresos gubernamentales. La “reforma estructural” de la industria energética representó una clausula principal de los convenios con el FMI y la banca internacional que en la práctica ha significado el desmantelamiento de Pemex. Desde hace dos décadas ésa ha sido la situación y el resultado lamentable es que hoy la producción del gigante fue inferior por primera vez a la del año pasado. Pemex del gigante que era (incluida entre las diez compañías petroleras más grandes del mundo) se ha convertido en el enano que debe importar la mitad de la gasolina que se consume en el país. México es así un país petrolero que carece de las refinerías suficientes para abastecer su mercado de gasolinas debido a la subordinación de los círculos gobernantes a las exigencias de los monopolios petroleros, en especial de Estados Unidos. De esta manera se ha llegado a la aberrante situación de que Pemex compra a las refinerías texanas la mitad de la gasolina que vende a los mexicanos, imponiéndoles un impuesto que encarece su precio y lo hace equivalente al que tiene en países no petroleros. Los ingresos gubernamentales son cuantiosísimos y el secretario de Hacienda recién inaugurado, Antonio Meade los justifica diciendo que ellos evitarán más impuestos. O sea, dicha política equivale a continuar aceptando las exigencias crecientes de la gran burguesía de mantener un régimen fiscal privilegiado para sus intereses, arrojando la carga del presupuesto del gobierno, cada vez más desprestigiado y supeditado a los grandes capitalistas, a las espaldas de una población agobiada por el encarecimiento general de la vida.

Una economía fundada en condiciones tan contradictorias no puede sino gestar situaciones  potencialmente muy explosivas.

Movimientos telúricos

En las alturas del poder no se aquilata con precisión, a pesar de los sistemas de espionaje y de consultas a su disposición, los movimientos en las profundidades moleculares de la población. Hay un ejemplo que sin duda muestra el nivel de conflicto incluso en el campo de los sectores de la burguesía. La oleada de quiebras de los pequeños negocios se ha incrementado durante los cuatro años del gobierno de Peña en forma impresionante: 120 mil pequeñas y micros empresas han quebrado. Los datos emitidos por la Asociación Latinoamericana de Pequeñas y Medianas Empresas (Alapyme) son elocuentes y añaden que son éstas las empresas que ocupan a la mayoría de los trabajadores “formales”. Una razón más que explica por qué el desempleo y el subempleo estructural no cesa de crecer. Pero no sólo en las capas medias y pequeñas de la burguesía se siente el malestar de “un humor social” (Peña Nieto dixit) desconfiado y a veces profundamente crítico. También en sectores de la burguesía industrial, no se percibe satisfacción ante el rumbo tomado por Peña Nieto. Los industriales de uno de los más pujantes y poblados estados, el estado de México, del que precisamente Peña Nieto fue gobernador (en el sexenio de 2005-2011), han manifestado su oposición al alza desmesurada de los combustibles. (La Jornada, 30.12.2016).

Después de las grandes jornadas del magisterio, en especial del sur del país, no hay posibilidades que el encarecimiento de la vida que significará la espiral del alza de los precios de los combustibles sea aceptada pasivamente por amplios sectores de trabajadores. En la Ciudad de México, las protestas por el alza de los boletos del transporte público popular por excelencia (cinco millones diariamente entran por sus torniquetes) que es el tren subterráneo (metro) en 2016 se lograron encausar sin grandes problemas de modo institucional. Pero el gobierno de Miguel Ángel Mancera ya ha declarado que no habrá alza de las tarifas en 2017, la cual será una promesa muy difícil de sostener, agravando las de por sí no del todo fáciles relaciones entre él y Peña Nieto.

Las protestas se han iniciado ya desde el 31 de diciembre y en varias ciudades las  ha habido desde antes, en especial en Sonora y Baja California, los estados en que se impondrán las alzas desde el 1° de enero. Muchos automovilistas comienzan a hacer colas en las gasolinerías de las ciudades entre otras de México y Monterrey. Otros hacen cercos en ellas para impedir la venta. El desabasto ha comenzado a ser evidente ya en algunos estados, Michoacán entre otros.

La primera manifestación en la Ciudad de México se produjo hoy mismo, 1° de enero y llegó hasta el Zócalo: “país petrolero y un pueblo sin dinero” el viejo estribillo de la lucha contra la privatización petrolera se volvió a oír. Se advirtió que no sólo los automovilistas serán afectados (en la zona metropolitana del Valle de México circulan cinco millones de autos de combustión interna) sino que el gasolinazo afectará a toda la economía y disparará la espiral inflacionaria. Para los próximos días de enero se anuncian manifestaciones en otros estados: Guanajuato (en Salamanca sede de una de las refinerías más antiguas), en Veracruz, estado petrolero y en otros lugares más.

La política de la crisis

Los comicios sexenales para la elección del presidente de la república son los años políticos por excelencia en la tradición del régimen imperante desde la revolución mexicana. 2018 será el de la elección del sucesor de Peña Nieto, un año clave para la oligarquía en el poder y para las fuerzas que luchan contra el régimen establecido.

Para la oligarquía gobernante la mancuerna del PRI y el PAN (el llamado PRIAN) ha sido una fórmula que ha sido muy importante para solucionar la larga trayectoria de la dominación priista ya muy desgastada en el año 2000 después de más siete décadas de haber constituido un régimen de partido único de facto. En el 2018 se confronta a un desgaste similar del binomio PRIAN después de tres sexenios en que la corrupción, la inseguridad y la violencia no han menguado sino aumentado a niveles inauditos. Basta señalar que en México en los últimos diez años han muerto o desaparecidos decenas miles de personas, una situación que sólo se compara con la existente en el Medio Oriente en guerra desde 2003.

También la oligarquía gobernante mexicana está en el umbral de confrontarse con la política del país vecino en una situación problemática e inédita para ella desde los años revolucionarios e inmediatamente siguientes: sus relaciones con Estados Unidos. El cambio de las políticas de Washington que representa la llegada de Trump a la Casa Blanca ha cogido absolutamente desprevenidos a los círculos del poder. Paralizados, prácticamente no han podido forjar la nueva línea que los oriente ante las muy posibles fricciones que producirá la política de Trump. Estas fricciones se darán principalmente en las cuestiones migratorias y de las maquiladoras fronterizas en propiedad de la corporaciones estadunidenses y afectan directamente con una reelaboración de los acuerdos que hicieron surgir al TLLC o de plano a la liquidación formal o ral de éste..

Ante esta situación la candidatura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que se presentará por tercera ocasión como candidato presidencial del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en 2018, es considerada de manera muy amplia tanto en encuestas como en la opinión popular, como la muy posible candidatura triunfante ante la bancarrota política que representan los dos partidos dominantes. AMLO fue muy posiblemente el candidato triunfador en 2006, pero un fraude escandaloso le impidió asumir la presidencia. En 2012 fue el principal opositor a la restauración priista que sólo la también escandalosa y descarada compra de votos en favor de Peña Nieto impidió que lograra la victoria.

En 2018 AMLO será sin duda un competidor fuertísimo. No ha dejado de realizar giras y mítines en todo el país. Se jacta y es verdad de haber visitado como candidato todos los rincones más recónditos de México. Es posible decir que el favor popular de millones de mexicanos y mexicanas lo tiene asegurado para el 2018. Los medios, en su gran mayoría controlados por la oligarquía gobernante, a pesar que en general lo han atacado, a veces de modo furibundo, recientemente lo han comenzado a tener en cuenta. Las pantallas del duopolio televisivo dominante se han abierto para él.

Precisamente hace unos días AMLO declaró que con su decisión de imponer el gasolinazo, Peña Nieto “era el verdugo de los mexicanos”. Millones de mexicanos y mexicanas sin duda aprobarán y dirán lo mismo que él. Esta declaración, sin embargo, viene a continuación de muchas otras en las que desde hace años AMLO insiste una y otra vez que él como presidente no tocará, ni inculpará para nada a Peña, a Calderón, a Fox y a sus cercanos colaboradores, o sea, a los verdaderos criminales políticos que en cualquier gobierno ni siquiera revolucionario, sino auténticamente reformista serían llamados a responder ante los tribunales.

O sea, AMLO ha actuado y ha mantenido posiciones para demostrar a la oligarquía gobernante que es él el indicado para gobernar en los tiempos turbulentos que se avecinan ante la bancarrota de los equipos de los priistas y panistas. En un mitin en plena euforia de la imposición de la “reforma educativa” y de la lucha de los maestros contra ella de 2016, AMLO ante decenas de miles de manifestantes convocó a Peña Nieto a forjar conjuntamente una “coalición para garantizar una transición pacífica” en 2018. Recientemente hace unas semanas en el congreso de Morena el acto único y fundamental fue declararlo oficialmente como su candidato presidencial, sin que hubiera la discusión urgente de la situación del país y de la necesidad de forjar el programa necesario para superar la crisis, aparte de una lucha contra la corrupción gubernamental que es considerada como la llave para emprender la renovación nacional. Nada sobre las amenazas que la presidencia de Donald Trump significan para el país, la economía subordinada al imperialismo de EUA, nada sobre los salarios de hambre, nada sobre la democratización de la vida sindical, nada sobre la lucha contra la poderosa y enriquecida oligarquía dominante, nada sobre la huelga general que es urgente  realizar para detener el rumbo acelerado al precipicio del actual sistema económico. AMLO es la expresión más acabada del caudillismo mexicano imperante en los siglos XIX y XX, que resulta anacrónico y representa un obstáculo en la situación que enfrenta el pueblo trabajador y explotado mexicano ante los retos de la crisis del capitalismo en pleno siglo XXI.

La alternativa independiente

Mientras en Oventic, Chiapas el 31 de diciembre y el 1° de enero el EZLN y sus aliados de Congreso Nacional Indígena (CNI) en una reunión en la que celebraron el 23 aniversario del levantamiento de los neozapatistas,  decidieron postergar hasta mayo la presentación de la candidata indígena que lanzarán para participar en los comicios electorales del 2018. Con ello se ratifica su decisión del pasado octubre  de participar en dichas elecciones, decisión que sacudió como un verdadero temblor las filas de los sectores democráticos y progresistas que consideraban que AMLO representaba la única alternativa electoral de oposición al régimen. Los dirigentes del EZLN no han dicho todavía nada sobre el programa que enarbolaran, ni las condiciones de su campaña en lo que se refiere a cuestiones importantes como la de las alianzas, del papel de organizaciones que simpaticen y estén dispuestas a apoyar la candidatura de la mujer indígena designada. Quedan varios meses para que las respuestas a estas cuestiones se procesen y se tomen, aunque los tiempos políticos hoy en México se están acelerando. El mejor escenario sería que la decisión final de los zapatistas y de todo el conjunto del CNI fuera una que permitiera que surgiera alrededor de su candidatura una coalición de fuerzas que nuclearan una alternativa masiva claramente independiente, democrática y anticapitalista. Decisión que adelantaría en gran medida la toma de consciencia de amplios sectores de los trabajadores y avanzaría en la organización independiente de los mismos. Los días que vienen serán muy movidos y cosas interesantes seguramente surgirán de este curso que ha empezado ya.

Para los grupos revolucionarios urbanos que ya existen o están surgiendo de modo silvestre en todo el mapa de la república, grupos claramente clasistas, democráticos, independientes y socialistas, su papel en este panorama es el de ser protagonistas ciertamente todavía minoritarios pero fundamentales para contribuir en la construcción de la(s) alternativa(s) de los trabajadores y explotados y oprimidos, sin la(s) cual(es) sería imposible y dolorosamente muy difícil conseguir la victoria popular. Por supuesto están los escépticos, entre los cuales se encuentran no pocos cínicos, que consideran que al final las cosas seguirán como siempre, que no se avanzará en nada y que el pueblo mexicano no tiene las potencialidades para que de su seno surjan los factores que conduzcan a la superación de la actual situación con una dirección nacional unificada que asuma la tarea de organizar y conducir esta lucha emancipatoria y libertaria en México. Como si la tradición revolucionaria de este país no fuera un hecho bien documentado en su historia y como si las experiencias internacionales no contradijeran tajantemente tal escepticismo. Pero, como lo dijo el clásico, los escépticos no sirven para la lucha revolucionaria ni para muchas otras cosas.

La condición para la estrategia victoriosa de los trabajadores es el de lograr su independencia política de la que han carecido a lo largo del siglo XX con los trágicos resultados que conocemos. La tarea de estos años es conquistar dicha independencia frente a todos los partidos burgueses que se nutren del estado, vía los presupuestos millonarios de las canonjías del Instituto Nacional Electoral. Ciertamente en la lucha se deberá contar con aliados, incluso en el combate actual contra las consecuencias de la crisis son necesarias las coaliciones y los bloques, pero la(s) corriente(s) revolucionaria(s) y socialista(s) debe(n) mantener a toda costa su independencia política, no confundirse con las diferentes organizaciones y programas burgueses. 

Pero México no es un islote intocado. De los acontecimientos mundiales hay muchas lecciones que rescatar. Una muy reciente es la primavera de las revoluciones árabes. Positivas y también negativas, estas lecciones nos enseñan mucho: cómo los pueblos sometidos a feroces condiciones de represión por las clases gobernantes, se yerguen desafiantes ante ellas y logran victorias populares. Como, careciendo de direcciones organizadas capaces de orientar, centralizar y dotar a las masas con la organización y los programas de cambio revolucionarios, las victorias no se consolidan y surgen las contraofensivas y sus consecuentes contrarrevoluciones como lo estamos viendo en estos mismos días en la trágica situación de Siria. Igualmente en América Latina los acontecimientos de Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador y especialmente Venezuela, nos indican que las grandes movilizaciones populares sólo son victoriosas a condición de que adopten una dinámica independiente, democrática y claramente anticapitalista, sólo así pueden sostenerse de manera permanente y superar los obstáculos conciliadores, capituladores o de plano contrarrevolucionarios.

En el inicio de 2017 todas las señales apuntan a días claves que definirán el rumbo de México. La tarea de los socialistas es hacer todo lo posible para garantizar que esas próximas luchas que se avecinan sean logren conquistas de los trabajadores y sus aliados que permitan que México como nación entre a un estadio superior de bienestar, justicia, independencia y libertad para su pueblo.
* Militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS).

lunes, 2 de enero de 2017

Un mito, que vacunarse provoque influenza

La Jornada

Sociedad y Justicia




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Un mito, que vacunarse provoque influenza
De la Redacción

Es un mito que después de vacunarse contra la influenza se adquirirá la enfermedad, sostuvo el jefe del departamento de Vigilancia Epidemiológica del Hospital General de México (HGM), Carlos Ridaura Valencia.
Eso no es posible, ya que el biológico no contiene material genético, por lo que es incapaz de provocar influenza, aclaró. En un comunicado, la Secretaría de Salud (Ssa) dio a conocer la explicación del especialista.
Indicó que la vacuna no puede aplicarse si el paciente es alérgico al huevo o tiene fiebre. Mencionó que 48 horas después de suministrar la dosis se pueden presentar dolor y enrojecimiento en el sitio de la aplicación y ligero malestar general.
Es importante, dijo, que la población tome conciencia de la importancia de prevenir esta enfermedad, sobre todo en aquellas personas con algún factor de riesgo, ya que tienen mayor probabilidad de que la enfermedad de la influenza se complique.
Sostuvo que el HGM cuenta con suficientes vacunas para proteger al personal médico y a la población en riesgo, como menores de cinco años de edad, adultos mayores, diabéticos e hipertensos descontrolados, personas con obesidad, cáncer o VIH y mujeres embarazadas.